Aprovechando que había fútbol, hoy me he metido en el cine buscando la tranquilidad. Mientras a sólo unos metros miles de personas llenaban el campo de Nervión, yo he disfrutado de una bellísima película. Dado quién era el director y la temática que abordaba, intuía que habría mucho de él mismo en su trabajo. Me gusta que los artistas viertan en su obra lo que llevan dentro. Normalmente, todos lo intentan… aunque no siempre se consigue transmitir ese sentimiento. Emilio Aragón puede estar más que satisfecho con Pájaros de papel. Es evidente que la ha dotado de la textura y el aroma que buscaba… que anhelaba (me atrevería a decir).Se trata de una de esas películas que te hacen amar el cine, de una de esas películas que no caerán en el olvido, de una de esas películas que llegan al corazón.
La narración, la fotografía, la música, o la ambientación son magistrales. La labor de los actores, espectacular. Carmen Machi, soberbia; Lluís Homar, espléndido; el niño Roger Princep, increíble; Imanol Arias… sencillamente sublime. Muy mal se tendrían que dar las cosas para que no le concediesen a Imanol su merecidísimo Goya.
En definitiva, una película para todos los aficionados al buen cine y para todos aquellos otros que un día dejaron de ir. Pájaros de papel es la mejor manera de volver a sentir el placer de ver una gran historia en una gran pantalla.
Pero siendo fantástica la película, lo que realmente me ha emocionado es que toda ella constituye un precioso homenaje de un hijo hacia un padre, un padre querido por todos. En nombre de todos los que fuimos niños en los setenta… gracias, Emilio. Miliki debe de sentirse muy feliz.




