lunes 9 de noviembre de 2009

Se fue un maestro

Me acabo de enterar de la muerte de uno de mis maestros. El de la introspección cautelosa en el alma. Uno de los más grandes en el arte del retrato. Humberto Rivas ha fallecido en Barcelona a los 72 años. Este fotógrafo argentino ha sido Premio Nacional de Fotografía (sólo unos pocos ostentan este reconocimiento) y estaba a punto de recibir la Medalla de Oro al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Barcelona que ahora recogerá su familia a título póstumo.
Me queda un gratísimo recuerdo de él como fotógrafo y como persona. Tuve la fortuna de conocerle en uno de los talleres que organiza la agencia Cobertura de Sevilla.
Allí tuvo lugar una bella lección de sencillez. El maestro nos pidió a los alumnos que lleváramos una muestra de nuestro trabajo anterior para comentarlo. Recuerdo a Humberto observando perplejo las instantáneas de uno de mis compañeros de curso. Durante minutos caviló sobre ellas, sin emitir una palabra. Igual que hacía antes de tomar una foto. Luego, con su típico gesto parsimonioso de genio despistado, elevó la mirada por encima de sus grandes gafas y no pudo sino preguntarle al autor:
-¿Por qué no vas a trabajar a Barcelona?
Pero el autor de aquellas fotos adoraba Sevilla y ya no se planteaba vivir en otro lugar. El autor de aquellas fotografías a mí también me dejó impresionado. Intenté en una comida que bebiera más vino de la cuenta para que me confesara el secreto del brillo de los ojos en los fotografiados, pero no hubo manera. Tampoco accedió a impartir ningún curso, al que yo hubiera acudido encantado. Era demasiado tímido. Humilde en grado sumo.
Aquel pupilo que acudió a escuchar las enseñanzas de Humberto Rivas resultó ser uno de los mejores fotógrafos que he conocido. Su nombre: Atín Aya… y también se le echa de menos en el mundo de la fotografía y entre quienes le conocimos. Estoy seguro de que Atín y Humberto ya andan compartiendo técnicas y experiencias, estudiando cómo aprovechar la luz de la eternidad. Valga este torpe comentario como sentido homenaje hacia los dos. Al menos, siempre nos quedarán sus fotografías.

domingo 8 de noviembre de 2009

El beso

La fotografía más vendida de la historia lleva por título "El beso" y la realizó Robert Doisneau en el París de 1950. 42 años después, el propio Doisneau confesaría que la foto no fue casual y que la pareja había posado.
Puedo asegurar que estos chicos no posaron para mí como tampoco se dieron cuenta de que un cazador de momentos inmortalizaba el instante (prefiero lo de cazador de momentos a lo de fotógrafo fisgón). Andaban abstraídos del mundo, demostrándose su amor, amparados por el Puente de Triana.
Sin duda, existen pocos motivos en la fotografía tan atractivos como un beso.

lunes 2 de noviembre de 2009

La cuna de mi lengua

Tenía ganas de visitar San Millán de la Cogolla. Un lugar de esos donde no resulta difícil imaginarse la vida en otros tiempos. No sé por qué me imaginaba el Monasterio de Suso más grande. Por fortuna, tuve unos minutos para recorrerlo solo y sentir su silencio.
En este recóndito lugar se escribieron hace mil años las primeras palabras en castellano y en euskera. Las lenguas que se hablan en mi tierra. Dos idiomas con un futuro y un pasado común... y con algunas señas de identidad muy similares: la doble erre, el sonido de la eñe, las cinco vocales...
Me sentí reconfortado en esta cuna. En la cuna de mi lengua.

jueves 29 de octubre de 2009

Astérix y Obélix

Hay un chiste que no por viejo me hace menos gracia. En un día como hoy no me resisto a contarlo:

Entra un señor inmenso al médico y le dice:
-Doctor, creo que soy estéril
-Usted quien es, es Obélix

Hoy se cumplen 50 años del nacimiento de Astérix y Obélix. Sus aventuras han formado parte de mis lecturas, y no sólo de mis tiempos jóvenes.
He disfrutado igual con los mamporros a los romanos o a los piratas (casi terminaron por inspirarme lástima) que con las alusiones anacrónicas escondidas en los textos o con las caricaturas de algunos personajes famosos (Sean Connery es Ceroceroseix y Michael Douglas es Espartakis, por ejemplo).
Y aunque Astérix sea el protagonista, el líder, el listo… yo siempre preferí a Obélix. Quizás porque también me encanta comer. Uno no puede sino sonreír al recordar sus enfados cuando no le dejan beber la poción mágica o su amor platónico por Falbala o su pasión por los jabalíes asados.
Supongo que son muchos los motivos por los que me gustan los libros de Astérix el galo: la victoria de los débiles contra los fuertes, su sentido del humor, sus frases célebres… y, tal vez, porque llamándome Félix me siento identificado con los nombres de los habitantes de la irreductible aldea gala.

lunes 26 de octubre de 2009

Amores de los de antes

Hoy, ¡por fin!, he revelado carretes atrasados.
La diferencia entre una foto digital y una realizada con un carrete, quizás no radique en la calidad sino en el romanticismo. Y más si el motivo está lleno de colorido.
Sólo a un bicho raro se le ocurriría hacer una foto en la Feria de Abril en blanco y negro.
La mayor ventaja de una foto digital dicen que es la inmediatez. Disparas y ves el resultado en el momento. Yo, a veces, más que una ventaja lo veo un inconveniente.
Se ha perdido ese componente de ansia, ese cortejar al negativo, esa incertidumbre sobre el efecto buscado.Una foto digital es el amor de una noche. Puede resultar bonito. Pero hay quien prefiere amores de los de antes.

jueves 22 de octubre de 2009

Ágora

He visto Ágora… y me ha gustado. Ambientación, ritmo narrativo, fotografía, música… todo muy cuidado en aras de una inmersión en la historia que, como aficionado al cine, me ha dejado un buen sabor de boca. Lo único que eché en falta en una producción española fue algún actor español.
Es verdad que es una película y que Amenábar se ha permitido pequeñas licencias históricas como la edad de Hipatia cuando murió o su precoz visión de la teoría heliocéntrica, pero por mi parte se las admito.
La película nos traslada a la Alejandría durante la decadencia del imperio romano y, a mi humilde entender, se sirve de Hipatia para trasmitirnos su verdadero mensaje: la sinrazón de los fanatismos religiosos, vengan de donde vengan.
Hipatia no cree en dioses. Ni en cristianos, ni en judíos ni en paganos. Para ella, su única religión es el saber.
A mí siempre me ha parecido que para ser feliz es preferible ser ignorante. En el libro del Eclesiastés de la Biblia (pedazo de best seller) se puede leer: Quien añade sabiduría, añade dolor. Totalmente de acuerdo. El saber no ocupa lugar, pero tiene un precio…. Y si no, que se lo pregunten a Hipatia.

sábado 17 de octubre de 2009

Arte o estulticia

Perdonen si evidencio públicamente mi desconocimiento sobre ciertos temas. Miren que no me tengo por ingenuo, pero cada día me sorprendo con alguna tontería generada por el sistema en el que vivimos. Por fortuna, aún no me resbalan algunas cosas y me caldeo con ellas. Y eso que trato de ser comprensivo. Sin embargo, creo que nuestra sociedad en algún momento de la historia perdió los papeles: los económicos, los políticos, los morales, los culturales… y no hay narices de recuperarlos.
Lo peor es que no parece haber marcha atrás, pero me recreo imaginando el regreso a ese punto de la historia en el que todo este tinglado se nos fue de las manos. ¿Que cuál es ese momento? Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Algún pesimista se retrotraería a la aceptación de la manzana por parte de Adán.
Pero disculpen porque percibo que la divagación se me está echando encima, como una borrasca a la que se la ve venir y, no obstante, permitimos que nos moje.
El hecho es que si hace un mes les hablé de la aparición de un Velázquez, ahora le toca el turno a un Da Vinci. Se trata del retrato de una joven de la época. Durante décadas ha estado circulando en la creencia de que era una pintura del siglo XIX, y en las dos últimas transacciones se vendió por 12.000 euros.
Pero hete aquí que su nuevo y avispado dueño ha encontrado una huella dactilar que dice corresponder a Leonardo Da Vinci. Si eso resultase cierto, el cuadrito en cuestión podría alcanzar un valor de 100 millones de euros. Toma del frasco.
Este cuadro valía 12.000 euros, pero como es de Leonardo ahora vale 100 millones (que sí, que sé que ya lo he dicho). Y que conste que el cuadro es el mismo.
Esta noticia me hace reflexionar sobre las obras artísticas. ¿Qué se valora en ellas? Se me hace muy triste rendirme ante la evidencia y reconocer que la mayoría de las veces prime la autoría sobre la calidad. Eso sí, me consuela el hecho de al menos Leonardo fuese un genio.

P.D. Quiero felicitar a Ángeles Caso por el Planeta. Ella fue una de las escritoras que me dedicó el libro a beneficio de la Fundación Numen, por lo que al igual que al resto de firmantes, le reitero mi agradecimiento. Que disfrute de su premio.

martes 13 de octubre de 2009

Un museo para andar por casa

Alguien dijo que los dos atardeceres más bellos de su vida los había contemplado desde el Cañón del Colorado y desde el Mirador de San Nicolás, frente a la Alhambra de Granada.
Una de las cosas buenas que nos ha proporcionado la civilización es que el hombre es capaz de crear obras de arte que se permiten la osadía de competir con las maravillas de la naturaleza. Esta semana he visto nacer al Ebro...
...y he conocido una casa muy especial en Villalpando.

El rincón de San Cayetano es más que un alojamiento rural. Es la obra que sólo puede ejecutar una persona que sepa combinar el buen gusto con el amor a su pueblo. Mi amiga Pilar Casado es una de esas personas.
Cuando compró una vieja vivienda casi derruida no podía imaginarse que su esqueleto estaba formado por los arcos de la desaparecida iglesia de Santiago. Y fue restaurando piedra a piedra hasta sacar a la luz ese arte escondido. Pero quizás el mayor mérito de Pilar haya sido el de recuperar un trozo de historia y hacerlo acogedor… muy acogedor.

Villalpando tiene unas llanuras inmensas de campos que mudan su color en cada estación y en cada momento del día; alberga una de las plazas porticadas más hermosas de Castilla y además conserva la Puerta de San Andrés –nuestra querida Puerta Villa-. Ahora también tiene El rincón de San Cayetano. Un motivo más para visitar el pueblo. Si tienen la oportunidad de alojarse en este rincón, no se arrepentirán.

miércoles 30 de septiembre de 2009

La luz de Salamanca

Una de las pocas cosas que me han fastidiado al ubicar a don Fernando de Zúñiga en Salamanca es no poder narrar sus paseos por la Plaza Mayor, por la sencilla razón de que a finales del siglo XVII aún no existía. Hoy me desquito (aunque sólo un poco) con una de las fotos que he tomado en ella.
El curso está a punto de comenzar y una de las plazas más bellas del mundo pronto recibirá a una nueva hornada de estudiantes que se enamorarán de ella desde el primer día y nunca la olvidarán... como yo no la olvido.

martes 22 de septiembre de 2009

Carta de don Fernando de Zúñiga

En los últimos tiempos se ha realizado un importante descubrimiento con respecto a mi persona. Un descubrimiento que está generando una controversia tanto en España como en los terrenos ocupados por los colonos ingleses al este de los Apalaches. Y todo tiene que ver con un cuadro pintado por don Diego de Velázquez.
He podido leer en diversas gacetas que existen discrepancias sobre la identidad del hombre retratado por el insigne maestro. Incluso se ha conjeturado con las fechas de su creación y con que pudiera tratarse de un autorretrato.
He de decir que, si bien, es posible que don Diego y yo tengamos algún tipo de parecido en nuestros rasgos, este cuadro fue realizado en 1659 y el hombre retratado no es otro que este humilde servidor. Por aquel entonces, mi amada Pilar Maldonado y yo, después de visitar la Pieza Ochavada y el Salón de los Espejos del Alcázar Real, nos acercamos a la Galería del Cierzo donde el pintor de Su Majestad trabajaba ante dos caballetes. Uno de ellos sostenía un retrato casi terminado del infante Felipe Próspero junto a una falderilla; en el otro, se adivinaba un bosquejo de la infanta Margarita. Velázquez estaba de buen humor. El papa Alejandro VII acababa de concederle la dispensa de nobleza y el rey le había prometido el título de hidalguía por lo que, en breve, sería ordenado Caballero de la Orden de Santiago.
Como cualquiera que hubiese conocido a Pilar, se quedó prendado de sus ojos verdes. Y nos pintó a los dos. Éste es mi retrato. Así que vuestras mercedes tienen ante sí la imagen de don Fernando de Zúñiga. Por aquel entonces yo era feliz. Luego vendrían la muerte de Pilar, las golillas negras, las lentes, las canas… pero esa es otra historia que quien haya leído las novelas de Modroño ya conoce. Por cierto, espero que algún día narre mis peripecias en New Yok.

viernes 18 de septiembre de 2009

Angelino de Arriaga

Otra entrada más. A veces, por no decir siempre, es mejor estar callado. Para más inri, don Fernando de Zúñiga lleva unos días solicitándome un hueco en esta bitácora para emitir un importante comunicado. Tendrá que esperar porque a mi amigo Joaquín le ha pillado un novillo esta semana.
Yo no soy especialmente aficionado a las corridas de toros. Incluso me atrevería a decir que no me gustan. Eso sí, respeto las tradiciones aunque puedan parecer bárbaras. Tampoco entiendo a esos activistas que son capaces de movilizarse por defender a un animal, y provocar a un pueblo que durante siglos ha disfrutado de las fiestas con toros de por medio. Y no es por dar ideas, pero no quiero ni pensar lo que ocurriría si un año de estos se les ocurre hacer cincuenta kilómetros más y pasar de Tordesillas a Villalpando. No creo estar haciendo demagogia barata si digo que hay muchos otros motivos en los que gastar esas movilizaciones: en cualquiera en los que sufran sean seres humanos.
Pero hablaba de la cornada de Joaquín que a fuerza de tesón, arte y valentía, se está haciendo un merecido hueco en el difícil mundo de la tauromaquia con su apellido: Angelino de Arriaga.
De Joaquín admiro su humildad y su ambición, claves para triunfar en cualquier ámbito. Y también admiro su valor. Su valor por la descarada manera de enfrentarse a los toros pero, sobre todo, su valor por haber dejado su familia en México siendo niño para luchar en España por un sueño. Hoy tiene dieciocho años y una cornada de veinticinco centímetros que le ha afectado la femoral, pero estoy seguro de que no le va a afectar ni su fe, ni su moral.
Es de esa clase de hombres hechos de otra pasta. Hoy, más que lamentarse por su pierna, lo hacía por los siete festejos que se iba a perder esta temporada.
Querido Joaquín, piensa en cuidarte porque las plazas estarán ahí cuando te recuperes. Y tendrás más oportunidades. Eres torero y serás uno de los grandes. Al tiempo.

martes 15 de septiembre de 2009

Mi primer recuerdo

Aquel día había más gente de lo habitual en casa de mis abuelos. Yo apenas tenía tres años y medio. Ignoro cuál es el primer momento de su infancia que un adulto es capaz de recordar. El mío fue ese día. Tengo otros anteriores, de nuestro piso en Barakaldo, pero no estoy seguro si se han mantenido indelebles en mi memoria o han sido reconstruidos merced a las pistas que nos va dejando el tiempo como algunas viejas fotos o un arañazo que me infligió una niña en mi mejilla y que aún se puede distinguir.
Pero desde luego, recuerdo aquella estancia: la mesa camilla, la vieja radio de madera, la ventana a la carretera… Y recuerdo la entrada de un bebé en brazos de mi madre. No lloraba. Creo que alguien me hizo fiestas. Cuando nace el segundo hijo, el hecho de presentárselo al primogénito, sobre todo si este es aún pequeño, es todo un ritual. Y, por un momento, el primogénito se convierte en una especie de sumo sacerdote de la ceremonia familiar. “Es tu hermanito. Se llama Fernando”.
Han pasado cuarenta y un años. Cua-ren-ta-y-uno. Manda narices. Fernando nació en Zamora un quince de septiembre a las nueve de la mañana. Por poco llega al colegio.
Tengo otros recuerdos posteriores antes de cumplir los cuatro años como una copiosa nevada que contemplé perplejo desde nuestro piso de Tafalla o la primera vez que fui al cine. Vimos Bambi en el cine Rekalde. Tuve que refugiarme en las gracias de Tambor para tratar de no acordarme de la muerte de la madre de Bambi a manos de los cazadores. Suprimirían esa escena en versiones posteriores y, por una vez, estoy de acuerdo con la censura porque creo que sigo conviviendo con aquel trauma.
Fernando y yo dicen que nos parecemos. De hecho en Villalpando nos suelen confundir (aún no nos lo explicamos porque nos damos un aire pero, desde luego, somos distintos). A él le preguntan por Sevilla y las novelas, y a mí por Málaga y por los niños. Al principio tratábamos de aclarar el equívoco, pero estamos tan aburridos que ya contestamos como si fuéramos el otro. Lo que imagino que conlleva a mantener la confusión.
Desde aquel día en casa de mis abuelos, Fernando ha estado ahí. Y hoy es justo reconocer que hay caminos que uno no puede recorrer solo. A estas alturas ya sabrán por qué don Fernando de Zúñiga se llama así.
Querido hermanito, que tengas un buen día y que cumplas muchos más. No sé si recordarás esta foto en la que apareces con tu trajecito azul cobijado en las faldas de la abuela Chon.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Nueve del nueve del nueve

Tengo una crisis bloguera, no es una crisis cualquiera. ¡Tolón, tolón! Pues sí, en estos estos días he estado sopesando la idea de cerrar este blog. Ya estoy embarcado en mi nueva novela y dado que he de robarle tiempo al tiempo para poder sentarme ante el ordenador, tengo la sensación de que horas que no le dedique a la novela es como si le estuviera poniéndole los cuernos, y eso me provoca remordimientos. Saramago (que seguro que tiene más tiempo que yo) ha cerrado su blog para dedicarse en cuerpo y alma a su próximo libro. Y si lo ha hecho Saramago…
Por otro lado, hay semanas que se me agotan los temas. Son los inconvenientes de tratar de escribir sin tener demasiado en cuenta la actualidad y sin meterse con nadie (¡y voto a Bríos que a veces me tengo que morder la lengua!).
Así que El cazador de momentos va a cumplir un año de chiripa.
Sin embargo, dados los tiempos que corren y que el futuro (que ya ha llegado) está en los sistemas multimedia, descolgarme de lo digital como que me asusta. Y es que mis novelas ya se pueden adquirir en formato electrónico (no sé si ya incluso se podrán piratear). Parece que dejar de existir en el ciberespacio es como dejar de existir, punto.
Y lo que es más importante, esta bitácora me permite mantener contacto con mis amigos y con mis lectores (en muchos casos, ambas categorías ya se han mezclado).
Además, este lugar no deja de ser un refugio. Un refugio de la sociedad que nos rodea, de la que cada vez estoy más asqueado. No suelo ver la tele, mejor dicho: no veo la tele; cuando la pongo es en busca de programas concretos que me interesan: alguno de viajes, algún partido, las noticias y poco más… y mientras me siento a comer, un rato de Sé lo que hicisteis, donde en unos minutos se pueden ver todas las barbaridades emitidas en las distintas cadenas (aparte de que salen unas presentadoras muy simpáticas).
Hay que reconocerlo, vivimos en una sociedad donde Gran Hermano 327 ó 328 (he perdido la cuenta) bate en audiencia a Doctor Mateo, donde los protagonistas de los medios son Zapatero y Belén Esteban... Sin comentarios. Bueno sí, uno pequeño: esa señora gana más en un mes que la gran mayoría de los escritores de este país con alguna de sus novelas. Y sé lo que digo, porque en mi oficina tengo como cliente a uno de esos nuevos famosos que cada vez que él o su madre van a un programa basura y nos visitan para ingresar un cheque se le quitan a uno las ganas de trabajar para tratar de enrollarse con la ex del ex de la miss Me río de los pazguatos que me seguís el rollo.
Al hilo de esto, tengo una anécdota. A raíz de la publicación de Muerte dulce, una asociación benéfica (ya he hablado de ella) me invitó a un campeonato de mus en el que participaban unos cuantos famosos y algún que otro desubicado (como yo). Conocí a mi pareja de juego en el photocall (creo que se llama así). Sin saber cómo, me vi ante un montón de fotógrafos, posando como buenamente podía junto a tres tipos que no sabía quiénes eran, pero que parecían muy populares. Algo habrán escrito o algún edificio habrán construido, me dije yo. La prudencia me hizo aguardar a que alguien me informara sobre mis compañeros de posado. Fue mi pareja de mus (por cierto, un tipo muy correcto) quien se presentó: Hola, soy Ángel, el padre de Pepe. Mentalmente, comencé a repasar a toda velocidad a los Pepes famosos que conocía pero no se me ocurrieron más que Pepito Grillo y Pepe Carvalho. Jobar, Félix, ¡vaya deformación!, que esos son personajes literarios. El buen hombre debió darse cuenta de mi cara de búho y tuvo la amabilidad de aclarármelo: ¡Pepe, hombre!, ¡el ganador de Gran Hermano 7!
Así que por ahí deben de rondar unas cuantas fotos en las que aparecen un concursante de GH, dos más que fueron a pasar hambre a no sé qué isla y otro con cara de despistado del que los fotógrafos aún se estarán preguntando quién era el tipo ese y qué carajo pintaba allí (eso también se lo preguntaba el tipo despistado). Eso sí, honestamente he de reconocer que los tres eran muy majos.
Y mientras me he ido por los cerros de Úbeda, en esta fecha tan “nuevedosa” he llegado a una conclusión salomónica: seguiré por aquí, aunque habrá más fotos que textos y quizás espacie las entradas. Ustedes descansarán y yo tendré más tiempo. A ver si se aclara mi niebla mental.

miércoles 2 de septiembre de 2009

Montserrat

En un mes de septiembre de hace cuatro años, fui a Barcelona para ser operado de mi maltrecho ojo derecho (ya he mostrado en más ocasiones mi agradecimiento público al doctor Corcóstegui). El globo ocular pudo salverse -más o menos- pero la visión ya no se pudo recuperar. Eso sí, cuento con la ventaja de que no tengo que cerrarlo para hacer fotos.
Como entenderán, veo la vida únicamente con mi ojo izquierdo y creo que no la veo mal del todo (veremos a ver que dicen en el recocimiento médico cuando me toque renovarme -ya mismo- el carnet de conducir).
Aprovechando aquella visita, me acerqué a Montserrat. Era una preciosa mañana nublada y gris. Aquí les dejo estas fotos que, como suelo decir, no hacen justicia al lugar. Un lugar bello, mágico y misterioso.






miércoles 26 de agosto de 2009

Hasta siempre, Chencho

Me gusta fotografiar a los niños a las personas mayores. Los primeros son espontáneos ante la cámara y los segundos... también. Están de vuelta de la vida y sus lagrimales cansados ayudan a recuperar ese brillo de los ojos que se había perdido con el devenir de los años.
Tengo una buena colección de retratos, especialmente de villalpandinos. Por desgracia, poco a poco se van yendo. Sobre todo, los mayores. El último ha sido Chencho, el herrero, padre de mi amigo y quinto Manuel.
Después de la magnífica y emotiva reseña que ha realizado mi tío Agapito Modroño en su bitácora:
no seré yo quien ose escribir una nueva.
Con Chencho se ha ido uno de los pocos tertulianos que van quedando en Villalpando. Antaño resultaba frecuente ver grupos de veteranos charlando animadamente sentados en el poyo ante cualquier casa o en los bancos del parque. Mis abuelos, Eugenio y Mateo, eran algunos de ellos. Por eso, la marcha de Chencho me ha hecho recordar otras.
Desde aquí, quiero enviar mi más sentido abrazo a mi amigo. Querido Manuel, tu padre, tan buena gente como tú, ya está descansando en paz.

jueves 20 de agosto de 2009

Fin de mis vacaciones

Hoy he regresado al trabajo. Es la primera vez que vuelvo a Sevilla antes de que acabe agosto... y está siendo duro. La ciudad está levantada (obras por todos los sitios) bajo un sol de justicia. Durante toda la mañana he tratado de concentrarme con un martillo neumático perforando la acera y mi paciencia al otro lado de la ventana de mi oficina (que está a ras del suelo); es decir, a menos de un metro de mi silla.
Después de unos cuantos días relajado, el recibimiento no ha podido ser más frío. Eso sí, a más de cuarenta grados.
Atrás han quedado los días en Bilbao y Villalpando, con mis amigos y mi familia. Atrás han quedado días de fiesta y otros de descanso.
Pero no estoy dispuesto a que me me pueda eso que dan en llamar síndrome post-vacacional.
Ya es jueves, tengo salud y trabajo y me dispongo a comenzar una nueva novela. Así que también vuelvo a enfrentarme a las teclas del ordenador en la quietud de la noche.
Creo que cada uno tiene que buscar dentro de sí, en la cotidianidad, aquellas pequeñas cosas que le hacen feliz.
Además... Sevilla tiene un color especial.

sábado 15 de agosto de 2009

Unos impresentables

Van a perdonarme, pero en estos días estoy de fiesta con mis amigos. No, no son escoceses ni la foto está tomada en las Highlands. Es Villalpando, Tierra de Campos en la profundidad de Castilla. Pertenecen a Los Ilegales, una de esas peñas que alegran los días de San Roque.
Y nadie mejor que Serrat para definir a este tipo de gente:
Mis amigos son unos atorrantes.Se exhiben sin pudor, beben a morro,se pasan las consignas por el forro y se mofan de cuestiones importantes.
Mis amigos son unos malhechores,convictos de atrapar sueños al vuelo,que aplauden cuando el sol se trepa al cieloy me abren su corazón como las flores.
El que está atrás, en el medio, es Pepe Carrascal, que mis lectores conocerán como el tabernero de Valladolid en Muerte dulce y a quien describí casi tal y como es.
Los demás son mis primos Jesús, David y Álvaro (qué voy a decir sin son Modroños), Miguel -bloguero empedernido-, Queco y José Antonio -llevan la música dentro-, Alberto el contable, Torío -pedazo de monologuista-, Toño -motero- y Marcial -más feliz que una perdiz.
En la foto faltan algunos y falto yo. Y es que si alguien quiere verme con faldas tendrá que venir a Villalpando un catorce de agosto.

miércoles 5 de agosto de 2009

Harry Potter

Tal día como hoy, hace dos años, alquilamos un coche en Londres y nos encaminamos al norte de Inglaterra para adentrarnos en Escocia. Acabé un poco cansado de conducir por la izquierda y de las carreteras escocesas, pero mereció la pena. Desde siempre había querido recorrer ese país y la visita no me defraudó. Tierras verdes llenas de historia, de leyendas y de magia. Eso es Escocia.
Desde luego, J.K. Rowling acertó de pleno al inspirarse en estos parajes para crear su saga de Harry Potter, de la que me confieso fan… y además escribirla en Edimburgo.
Y porque me sigan gustando las bellas historias y porque iba acompañado de mi hija –otra fan del niño mago-, me inventé una especie de ruta Harry Potter. Es cierto que el castillo de Hogwarts es ficción, pero por algún sitio leí que algunos planos se rodaron en el interior de la catedral de Durham y en los alrededores del castillo de Alnwick y hasta allí fuimos a parar antes de cruzar la frontera escocesa. Mi hija, que desconocía nuestro destino, se quedó perpleja al contemplar las murallas de Hogwarts.

Otro de las sorpresas que le esperaba es que el tren que lleva a los estudiantes del colegio para magos desde la estación King Cross (donde incluso se puede ver el andén 9 ¾) hasta Hogwarts, ¡también existía!
En realidad se trata de un tren a vapor –Jacobite stream train- que hace el recorrido entre Fort William y Mallaig. Pero que incluso cruza el viaducto de Glenfinnan. Toda una delicia para los potterianos.
La semana pasada estuve viendo la última película, en la que coincidimos con algunos de los actores que encarnan a algunos personajes secundarios (los gemelos Weasley y Luna Lovegood) y he reconocer que me lo pasé muy bien.
Y hablando de escoceses, en mi próxima entrada les presentaré a unos escoceses muy especiales.
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P.D. En los últimos días, Muerte dulce ha sido cariñosamente tratada en distintos medios. Es justo agradecer a Rubén Castillo y a Armando Rodera sus críticas (se pueden leer, pinchando sobre ellas) y a Andrés Sánchez Magro su recomendación en el programa El gato al agua en Intereconomía TV. ¡Ah! Este viernes a las 20:30 estaré presentándola en la Feria del Libro de Benavente.

miércoles 29 de julio de 2009

El cielo de Villalpando

Parece mentira pero ya estoy viendo las vacaciones. Y aunque suene pedante, he de decir que este año creo que me las merezco. Aunque sólo sea por andar por Sevilla a 42 grados con el mono de trabajo (en mi caso, el traje y su correspondiente corbata). A propósito, un día en los postres de una comida me permití sugerirle al entonces consejero delegado del banco que en verano podíamos ser un poco más flexibles con el tema de la corbata. Reproduzco literalmente su respuesta: “Esta es una empresa capitalista y aquí se trabaja con corbata, y si tienen sed se toman una cerveza que la Cruzcampo está muy buena”.
El hecho es que el viernes me quito el traje y me voy a Villalpando. Este año con tanto sarao promocionando Muerte dulce, me he gastado parte de mis vacaciones y sólo me quedan 19 días. Muchos de ellos los pasaré en el pueblo, comiendo, descansando y jugando al mus. A la vuelta Naturhouse y yo tendremos unas palabras… pero eso será a la vuelta.
Por eso, hoy quiero mostrar algunas fotos que publiqué hace ya algunos años en Villalpando, paisajes y rincones. Fue un libro que me autoedité y que gracias a los 500 ejemplares que se vendieron no me costó el dinero. Se trata de una obra con un montón de fotografías con textos sobre la historia de la villa. Desde la distancia, me causa cierto rubor contemplar muchas de las fotos publicadas porque soy consciente de que, por decirlo de una manera amable conmigo mismo, son claramente mejorables. En mi descargo, he de decir que fueron tomadas en mis primeros tiempos como fotógrafo y que hay un montón de cariño depositado en ellas.

A partir del sábado volveré a pasear por esos campos de atardeceres imposibles y a sentir el calor de la familia. No creo que haya modo mejor de pasar las vacaciones.

miércoles 22 de julio de 2009

Cucaña y otras tradiciones

Hoy comienza la velá de Santa Ana en Triana. La mayoría de ustedes ya saben que no me va mucho el gentío y el jolgorio (y menos si huele a sardinas), pero he de reconocer que siento un gran respeto por las tradiciones. Decir lo contrario sería ir contra mis principios, dado que me ha dado por escribir novelas ambientadas en épocas pretéritas.
Ya en 1682, don Fernando de Zúñiga le dijo al obispo de Zamora: Todo hombre tiene que saber de dónde viene para conocer a dónde va.

Hay manifestaciones festivas que se vienen celebrando desde siglos y considero que así tiene que seguir siendo. Y a mí, egoístamente, el mercado medieval de Ribadavia, los encierros en Villalpando, las traineras en Euskadi o la cucaña en Sevilla me sirven para recrearme y ambientarme otras épocas en la soledad de la noche. Hay pueblos en Zamora, Salamanca u Orense cercanos a Portugal donde los años han pasado más despacio y su vida diaria aún está marcada por las supersticiones o el temor a Dios. Con un poco de imaginación visitarlos es viajar en el tiempo. Este ha sido alguno de los trucos que he usado para moverme por el siglo XVII.

Por eso, me gustan las tradiciones. Algunas se han perdido en algunos lugares, pero se mantienen en otros. Como la cucaña en Sevilla durante las fiestas de Santa Ana en Triana. Las fotos en el Guadalquivir las he hecho yo, pero documentándome para mi próxima novela, me encuentro una estampa –la de abajo- muy parecida en un lugar lejano, lejano en el tiempo y en el espacio. Y descubro con sorpresa que, antaño, había cucaña en mi querida ría.
El respeto a las tradiciones es respeto a las raíces, es evocación, es remembranza… es, en definitiva, no olvidar de dónde venimos.

miércoles 15 de julio de 2009

Dormir

Anoche, creo que por primera vez desde que tengo uso de razón, quise dormir y no pude. Por fortuna para mí, tengo el sueño fácil. Quizás se deba a mi permanente actividad o a que aprendí a dormir cuando era pequeño. Suelo defender mi fama de ceporro bromeando con que tengo la conciencia tranquila. Dicen las malas lenguas que fui un bebé llorón… y puñetero (eso lo sigo siendo). Durante mis primeros meses lloraba toda la noche. Según cuenta mi padre: hasta las seis de la madrugada, hora a la que él se levantaba sin haber pegado ojo por mis berridos (han pasado 44 años y parece que sigue dolido al recordarlo). En ese momento me quedaba profundamente dormido y por más que mi progenitor me azuzaba –rayando la violencia doméstica y profiriendo epítetos malsonantes-, mi cara angelical de tremendo placer por el sueño en el que acababa de caer ni se inmutaba.
Y es que, realmente, para mí dormir supone un auténtico placer. Y hasta un mecanismo de defensa. De hecho, puedo afirmar que he resuelto un montón de problemas durmiendo. Confieso que muchas veces he huido de la realidad cobijándome en los brazos de Morfeo. Ante un examen inminente poco preparado, ante una discusión familiar, ante una desgracia… pocas cosas me han resultado tan reparadoras como meterme en la cama y dormir.
Por eso, lo de anoche me descolocó. Lo peor es que creo saber cuál fue el motivo de mi insomnio: estoy enganchado a un raro tipo de droga.
Me encuentro en ese momento en que un escritor se ha vaciado promocionando su última novela y debe volver a la soledad y dejar que sus dedos acaricien las teclas del ordenador para que de una pantalla en blanco vaya surjiendo una nueva historia. Y aquí está la madre del cordero. No porque no tenga ninguna idea, sino porque tengo dos. Por un lado, debería escribir otra aventura de don Fernando de Zúñiga (ya tengo la trama y los lugares); pero por otro, me apetece aparcar al doctor Zúñiga (sólo de momento) y contar otra historia ambientada en una época distinta (tengo la historia y la época).
Anoche, tumbado en la cama, combinaba ambas tramas y los nuevos personajes se mezclaban con los de las anteriores novelas. Al final opté por levantarme y encender el ordenador. Sin embargo, sólo conseguí empeorar las cosas. Más documentación, más detalles, más anécdotas, más personajes para las dos historias… Anoche me di cuenta de que mi afición por escribir se acababa de convertir en una necesidad. Una droga.
Cuando miré el reloj casi eran las seis –y me acordé de mi padre-, así que me arrastré hasta la cama. Hora y cuarto más tarde me encontraba maldiciendo la alarma de mi teléfono sólo por avisarme de que a las ocho debía estar en el banco. Desde luego, eran muchos más dulces los pacientes (e insistentes) susurros de mi madre que, día tras día, combatían mi remolonamiento para que pudiera llegar a tiempo al colegio.
Confío en que mis cortas vacaciones de agosto me sirvan para descansar, dormir y madurar mi próxima novela. Ahora, con su permiso, me voy a dormir.

miércoles 8 de julio de 2009

Bichos raros

Estos días se celebran las fiestas de San Fermín. Antes de nada he de decir que me gustan los encierros (no en vano acudo todos los años a los de Villalpando) y, aunque no soy un gran aficionado a las corridas, hay que reconocer que sin ellas los toros bravos hace siglos que se hubiesen convertido en bichos raros y ya no podríamos verlos ni en los zoos.
Vi el chupinazo en las noticias. Miles y miles de personas, apelotonadas, hasta arriba de vino (por dentro y por fuera); algunas tirándose desde fuentes o balcones para ser recogidos por la multitud antes de estrellarse contra el suelo. ¡Jo, qué bien se lo están pasando! ¡Cómo no envidio estar ahí metido!
Hace tiempo que las aglomeraciones me agobian. Y uno empieza a pensar que o se hace mayor o huraño.
¡Qué quieren que les diga! Disfruto jugando al mus, cantando y tocando la guitarra con Carras y David, tomando cervezas con mis amigos en Bilbao o en Villalpando, cenando con mis colegas en la Peña, bromeando con Pilar, leyendo libros… y no me gustan los centros comerciales, ni las celebraciones multitudinarias de los aficionados al fútbol, ni los lugares atestados.
Adoro el silencio. Quizás por eso, mis oídos no andan finos; tampoco es que me importe. Entiendo que a veces me paso. Hago largos viajes en coche y no pongo ni la radio. Suelo ser reacio a mantener una conversación duradera. Y es que cada vez me cuesta más encontrar sonidos que mejoren el silencio.
También creo que cuando uno necesita de mucha gente para encontrarse a gusto, es que no es feliz consigo mismo. Prefiero pensar así a reconocer que soy un bicho raro.


P.D. O a lo mejor es que necesito que lleguen ya las vacaciones.

miércoles 1 de julio de 2009

Reivindico género

Hoy estoy reivindicativo. Aunque he de reconocer que mi reivindicación es menor. Después de más de dos meses de promoción de Muerte dulce en los que he participado en firmas, mesas redondas, ferias de libro, presentaciones, entrevistas varias y en lo que se haya terciado para dar a conocer la novela estoy un poco guerrero.
Y es que lectores, periodistas, libreros y hasta editores se empeñan en etiquetar las novelas. Y hasta donde yo sé, a los novelistas no nos hace mucha gracia. Cuando uno comienza a escribir una historia no piensa en que su novela será negra, rosa o amarilla. Pero el mercado –al igual que la sociedad- es como es y parece que todo tiene que ser blanco o negro (¿dónde queda la infinita gama de grises?). ¿Podrán creerse que el mar de la foto era azul?
Lo digo por el manoseado tema de la definición de novela histórica.
Y es que me niego rotundamente a que La sangre de los crucificados o Muerte dulce sean calificadas de novelas históricas. ¡Por supuesto que "también" son históricas! Sin embargo en ellas la historia es sólo ambientación –cuidada al máximo (al menos esa era mi pretensión)-, pero ambientación al fin y al cabo. Lo que predomina en ambas es la intriga –criminal y sentimental-. Claro que tampoco pueden ser tildadas simplemente de policíacas o negras.
Así pues, ya que todo el mundo se empeña en etiquetarlas, paso por el aro pero… ¡eso sí!, reivindico el género negro histórico para mis novelas. ¿Cómo? ¿Que no existe? Pues ya va siendo hora de que se extienda. ¡Hala! Yo jamás metería en el mismo género El nombre de la rosa o Sinuhé el egipcio, por citar dos obras maestras. Ni introduciría en el mismo saco a Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros) y a Benito Pérez Galdós (Episodios nacionales).
No es lo mismo una historia que te atrape por su intriga y sus aventuras a otra que roce el ensayo o la historia novelada. Mentiría si dijera que no defiendo a ninguna. A mí la novela histórica en estado puro no me entretiene, pero entiendo que tenga una legión de lectores a la que supongo tampoco le gustará que la confundan con una ficción en la que priman los asesinatos, aunque estos se hayan producido en el siglo XIV o en el XVII. Verosimilitud o Veracidad... That is the question.
Lo dicho: género negro histórico. ¿Máximo exponente? La citada El nombre de la rosa. Pues eso. Queridos lectores, periodistas, libreros y editores, vayan quedándose con la copla.
Por cierto, les dejo una reseña de Adolfo Caparrós Gómez de Mercado, Doctor en Literatura, publicada en Análisis Digital.
http://www.analisisdigital.com/Noticias/Noticia.asp?id=40299&idNodo=-5
Don Adolfo es de los que piensan que entre Dostoyevski y Dostoyevski uno puede beberse un Modroño tan ricamente. Gracias, doctor, usted sí que entiende.
¡Ah! Y para los que quieran echarse unas risas a mi costa, este domingo dentro del espacio El público lee (Canal Sur 2) –en el que el protagonista será Falcones- se emitirá un pequeño reportaje sobre Muerte dulce. En unos días también se podrá ver en Internet, en la página de Canal Sur –Televisión a la Carta-.
Falcones y Modroño. No sé si lo habrán hecho a propósito, pero a mí me suena a chiste de COU, perdón, de 2º de Bachillerato.
En fin, espero que mi reivindicación de género no les haya parecido del género tonto.

martes 23 de junio de 2009

El violinista de Mauthausen

Tendremos que esperar a octubre para saber si hay un violinista entre los prisioneros con “pijama de rayas” liberados por las fuerzas aliadas en el campo de concentración de Mauthausen. Incluso si indujo a pintar la pancarta escrita en español con la que se recibió a la 11ª División Acorazada de los Estados Unidos. Aunque mi intuición de novelista me dicta que el músico ya no andaba por allí. Ojalá me equivoque.
Y es que El violinista de Mauthausen ha ganado el XLI Premio Ateneo de Sevilla de Novela. Lo mejor de todo es que su autor es Andrés Pérez Domínguez. Quizás alguno de ustedes lo conozcan por sus magníficas novelas de espías La clave Pinner o El factor Einstein o por El síndrome de Mowgli o tal vez porque es el autor de una de las bitácoras a las que se accede desde esta página.
A raíz de mi intrusión en el mundillo literario, he tenido la ocasión de conocer a numerosos escritores y hasta hacerme amigo de alguno de ellos. Por eso, cuando en la cena de los Reales Alcázares del pasado jueves se abrió la plica que llevaba el nombre de Andrés me alegré sinceramente, y mi abrazo de felicitación fue sentido.
Dicen que entre los escritores hay envidias y malos rollos. No lo creo. Lo que sí ocurre es que, de vez en cuando, como en todos los ambientes artísticos, nos topamos con algún que otro divo o diva. Escritores a los que les ha sobrepasado el éxito y se han convertido en víctimas de sí mismos para transformarse en personajes de su propia novela. Luego está la categoría de tipos normales (dentro de lo normal que puede ser un escritor) que ejercen el noble arte de contar historias con toda la naturalidad del mundo. Andrés es uno de ellos.
El otro día disfruté de la velada. Tuve la oportunidad de ocupar la misma mesa que mi amigo Paco Gallardo y que mi admirado Fernando Marías, así como comprobar que David Torres no es tan fiero como parece y de que Javier Puebla tiene algunos pensamientos análogos a los míos. Y de escuchar las palabras, parcas y sabias, de Félix J. Palma sobre los sentimientos de los escritores.
Buenos tipos.
Y me pude dar cuenta de que la buena gente se alegró por el merecido triunfo de Andrés. Por algo será.

P.D. Este sábado, sobre la una del mediodía, estaré en la Librería Negra y Criminal de Barcelona.

miércoles 17 de junio de 2009

El circo del fútbol

Cada día me siento más orgulloso de ser del Athletic. Por aquello de que aún formamos los equipos con jugadores de la tierra. Cada temporada, el fútbol se parece más a un circo donde los dueños de la pista se gastan más en dinero en contratar domadores, trapecistas… y payasos. Al menos, los leones están en mi equipo.
El problema no es sólo de dinero, sino de valores. Hablo de esos valores que se nos fueron. Sinceramente, no veo la gracia en formar equipos a base de talonario… o lo que es peor, a base de préstamos.
Cristiano Ronaldo le ha costado 94 millones de euros al Real Madrid. Calderilla. No quiero entrar a debatir si es un gasto o una inversión o si terminará siendo rentable. Me da igual. Lo que me parece inmoral y lamentable en los tiempos que corren es que se produzcan hechos como este. Y que este tipo de noticias solapen otras. Por no hablar de la falta de liquidez de las entidades financieras, especialmente las cajas de ahorro, a la hora de conceder créditos; y llegue Cajamadrid a la que Moody´s acaba de calificar sus preferentes al mismo nivel que los bonos basura y le preste 76,6 millones de euros al club blanco.
Todo para que un tipo que es capaz de gastarse 18.000 euros en una noche de juerga, invitando a sus amigos –y amigas- a champán, sea el nuevo modelo a seguir por los niños de este país. Chachi piruleta. Si ya los padres lo tenían complicado a la hora de inculcar valores a sus hijos, esta sociedad de consumo y pandereta cada vez se lo pone más fácil.
¿Para qué estudiar o leer? ¿Para qué usar la cabeza si no es para rematar un corner? ¡Pero si dando patadas se puede hacer uno millonario!
Pero como me gusta el fútbol, he querido ilustrar este texto con la foto de dos chavales que desde África contemplan Europa. Abrazados, con camisetas de equipos rivales, después de jugar un partido en la playa de Tánger. Quizás, ansiando un mundo mejor. Me queda el consuelo de que el fútbol forme parte de sus sueños.

P.D. No sé a quién se le ha ocurrido presentar mi novela este sábado en Málaga a las 13 horas en la Librería Luces. ¿Cerrarán las playas a esa hora y no me he enterado?

jueves 11 de junio de 2009

Amigos

La Feria del Libro de Bilbao me deparó un buen número de nuevos lectores y, principalmente, algunos nuevos amigos. Aún no había salido el tren de la estación de Abando cuando Pilar y yo echábamos de menos a Fernando, a Begoña, a Asier, a Bernar…
Como saben mis lectores, al final de mis novelas tengo la costumbre de escribir unas confidencias. En Muerte dulce escribo: Vizcaya es monte y mar, y es gente noble. Ellos, sin duda, son un claro ejemplo.
En Madrid participé en el IV Campeonato de Mus por la Concordia, organizado por Además Proyectos Solidarios a beneficio de la Fundación Numen que trabaja en beneficio de los niños con parálisis cerebral. Una buena causa a la que tuve la suerte de contribuir con la aportación a la rifa de un ejemplar de Muerte dulce dedicado por un buen número de escritores a los que quiero agradecer públicamente su firma solidaria. Ellos han sido: Juan y María Bas, Martín Casariego, Ángeles Caso, Fernando Delgado, Mari Pau Domínguez, Juan Eslava Galán, Francisco Gallardo, Fernando Iwasaki, Ángeles Irisarri, M. León Asuero, Jorge Magano, Toti Martínez de Lezea, Miguel Ángel Matellanes, José Ángel Muriel, Salvador Navarro, Francisco Núñez Roldán, Alex Oviedo, Félix J. Palma, Andrés Pérez Domínguez, Manuel Pimentel, Javier Puebla, Nerea Riesco, Marta Rivera de la Cruz, Txani Rodríguez, Julio Manuel de la Rosa, Francisco Rosell, Rebeca Tabales, Jerónimo Tristante y José Luis Urrutia. Ahí es nada. Gracias, de corazón, a todos ellos.
Sinceramente, sentí desprenderme del ejemplar. Y lo que son las cosas: ¡me tocó la camiseta de Raúl, firmada por los jugadores del Real Madrid!
Y hablando de Madrid. Este sábado, día 13, por la tarde estaré de 19 a 21 horas en la caseta 192 de la Feria del Libro. Si a alguien le apetece pasar por allí, estaré encantado de saludarle.

jueves 4 de junio de 2009

Hasta siempre, pequeño saltamontes

Acabo de enterarme del fallecimiento de David Carradine, el actor que protagonizó Kung-Fu en aquellos tiempos en los que sólo había un canal de televisión… y en blanco y negro. Obviamente, mis recuerdos se han trasladado a Heidi, a Mazinger Z (sin olvidarme de Afrodita A), a la bruja Samantha de Embrujada y a Los hombres de Harrelson.
David Carradine, al igual que otros muchos, se habrá ido pero su personaje permanecerá en nuestro recuerdo, porque los recuerdos duermen en un rincón de la memoria pero nunca mueren.

En otro orden de cosas, para los que quieran seguirme la pista (y mi madre me tenga controlado), este fin de semana andaré por la Feria del Libro de Bilbao en el paseo del Arenal. Sábado a mediodía en Cámara, por la tarde en Etxean y domingo por la mañana en Jakinbide. Antes, mañana viernes (19:30 horas) tendré el honor de compartir mesa redonda con José Luis Urrutia y con las DAMAS de la novela histórica: Ángeles Irisarri y Toti Martínez de Lezea.

miércoles 27 de mayo de 2009

Un extraño en El Rocío

Hay fenómenos sociales y religiosos en los que resulta casi imposible no opinar y tomar partido; en ellos la objetividad es difícil de alcanzar porque, a lo mejor, no existe. Supongo que cada persona que ha visitado la Ermita en el término municipal de Almonte durante la peregrinación o ha hecho parte del camino, tiene una historia diferente, una visión y una forma de contarla. La mía, simplemente, es una más.
Es complicado conocer la causa real por la que El Rocío, durante unos días de mayo, se convierte en la tercera ciudad en población de nuestro país, después de Madrid y Barcelona, albergando a más de un millón de almas. No es sólo la fe lo que lleva a cientos de miles de personas a manifestar su fervor simultáneamente. Es algo más. Quizás es que ese fervor es contagioso, quizás sea el afán de exteriorizar un amor exacerbado por la Virgen o quizás sean las ganas de pasarlo bien junto a un grupo de amigos que tienen en común ese sentimiento. Supongo que cada uno de los rocieros tendrá su propio motivo para hacer el camino y llegar a la Ermita a tiempo de asistir a la procesión en la madrugada del Lunes de Pentecostés, festividad de la Venida del Espíritu Santo. Como sabemos, al Espíritu Santo se le simboliza con una paloma, de ahí que a la Virgen del Rocío se le llame también Blanca Paloma.
Lo cierto es que al margen de creencias religiosas, la romería de “El Rocío” en una manifestación llena de colorido y de alegría. Las sevillanas rocieras jalonan el recorrido de Hermandades, Asociaciones y romeros que parten de todos los puntos cardinales de nuestra geografía para honrar a la Virgen que guía su camino no sólo durante esos días. Uno de los recorridos más bonitos es el que hacen las Hermandades de Cádiz, cruzando el Guadalquivir en barca desde Sanlúcar de Barrameda y atravesando el Coto de Doñana hasta llegar a la Ermita.
Una mañana en que las campanas de la Giralda repicaban alegres, me topé casualmente con la salida de la Hermandad de Sevilla, que partía hacia el Rocío. Las explanadas de la catedral estaban tomadas por carretas con bueyes, rocieros y curiosos que presenciaban el espectáculo. Me llamó la atención la tremenda alegría que desprendían los rostros de los que se iban. El colorido, la emoción y la fiesta era la manera de expresar la devoción de los peregrinos. Lo que vi esa mañana, me animó a dar un paso más y acercarme a los pocos días a uno de los lugares más emblemáticos para los romeros que llegan a la Aldea desde el norte: el paso del río Quema.
Durante varios años había visto imágenes en televisión de bueyes y carretas atravesando el pequeño río pero no se parecían en nada a lo que me encontré. Cuando llegué, caía el sol de la tarde y la carreta que llevaba el simpecado estaba en medio del río. Cientos de personas expectantes se habían congregado a ambos márgenes. El silencio contenido se transformó en aplausos cuando los bueyes tomaron impulso para salir del agua y subir la pequeña pendiente de la orilla. Entonces fue pasando el resto de la comitiva; carretas, caballos y caminantes fueron atravesando el río, acariciados por los últimos rayos de sol. Me llamó la atención que muchos de los rocieros, cuando llegaban a la otra orilla, rompían a llorar. Pensé que el Quema tenía poco agua y que era relativamente fácil cruzarlo y mi ignorancia no me ayudaba a comprender el por qué de tantas lágrimas, así que no tuve más remedio que preguntar a uno de los romeros que parecía más tranquilo. “Es la emoción por estar más cerca de la Virgen” –contestó. Y es que el Quema es la frontera que delimita los dominios de la Virgen del Rocío y los romeros sienten que está próximo el momento de reunirse con ella. El río, en ese momento, era otra explosión de color y emoción: rocieros con los rostros cansados y los pies mojados, caballos y jinetes a contraluz, niños de raza gitana bañándose, “bautismos” de personas que hacían por primera vez el camino...
Mientras volvía caminando hacia donde estaba mi coche, había gente cantando y bailando, otros buscaban un lugar para acampar y algunos comían. Uno de estos grupos me invitó a cenar sin conocerme de nada y compartí con ellos ensaladilla y filetes empanados que a esa hora me supieron a gloria. Desde luego, es digno de elogiar el espíritu de solidaridad que impera entre los romeros.
A la vuelta, pensé que el siguiente paso que tendría que dar era acudir al momento cumbre de la Romería: la procesión en la madrugada del domingo al lunes que daba comienzo con el salto de la reja por parte de los almonteños. Aparqué bastante lejos de la Aldea y me dirigí andando hacia la Ermita guiado por la luz que desprendía. La arena de las calles y los caballos atados a las puertas de las casas provocaban la sensación de estar en un pueblo del Oeste americano. Miles de personas hacían la misma ruta que yo. Algunas rezaban, otras bebían, otras encendían bengalas de colores... Llegué a la iglesia sobre las doce, había bastante gente pero se podía entrar sin demasiados agobios; algunos almonteños ya estaban abrazados a la pequeña valla de poco más de metro y medio que separaba el atrio del altar donde estaba la Virgen bajo palio en su paso, mirando a los jóvenes entre alegre y temerosa. No en vano, faltaban pocas horas para que algunos de los que allí estaban, “saltaran la reja” porque les fuera imposible contenerse durante más tiempo para sacar a la Blanca Paloma en procesión.
Fueron pasando los minutos con lentitud; sobre las dos la Ermita estaba totalmente abarrotada y yo no podía ni levantar los brazos. Algunos de los mozos que estaban junto a la valla hacían conato de saltarla pero eran agarrados inmediatamente por otros que lo evitaban. A esas horas el calor era insoportable y la humedad provocada por el sudor y las marismas era asfixiante; un desasosegante vaho cubría el recinto como si fuera un invernadero a punto de reventar. Empecé a preocuparme ya que faltaba agua, aire y espacio vital. Me preguntaba quién me había mandado meterme en semejante berenjenal si yo no era devoto, ni había hecho ninguna promesa ni nada. Algunos jóvenes empujaban a todo el mundo con métodos que rozaban la violencia para hacer sitio al paso de la Virgen. Otro de ellos por fin saltó sobre las tres y diez. Los gritos de júbilo dentro de la iglesia contagiaron al millón de personas que había fuera que también gritaron. En ese momento, una bocanada de gente fue expulsada por las puertas laterales y aproveché para salir entre hombres fuertes que caían desmayados por el cansancio, el agobio y la emoción.
Me congratulé por haber salido vivo de aquella situación. La brisa de la marisma me refrescó rápidamente pero el dolor en las costillas me duró semanas. Pensé que, desde luego, era un milagro de la Virgen que no le pasara nada grave a nadie. Fueron unas intensas horas, dentro de la Ermita, que como experiencia estuvo bien pero que no estoy dispuesto a repetir. Ya no tuve fuerzas para quedarme a ver la Procesión, quizás este año...
Cientos de miles de personas viven experiencias y situaciones distintas, similares o diferentes a la mía, en un escenario en el que los actores desempeñan papeles marcados por su condición humana pero en el que el telón de fondo está revestido de una tremenda religiosidad.

domingo 24 de mayo de 2009

Artistas de papel

Mi tío, el escritor Agapito Modroño, cuenta en su libro Memorias de un torero una singular anécdota que aconteció en un hotel francés entre Picasso y Andrés Vázquez. Aquella tarde de 1962 en Arlés, acompañaban a Andrés en el cartel de la corrida Curro Romero y Antonio Ordóñez. Éste le indicó a su amigo, el torero de Villalpando, que en barrera había un pintor muy famoso, de cabeza redonda y ojos azules, y le aconsejó que le brindara un toro. Andrés así lo hizo y tras una buena faena le obsequió la oreja obtenida a ese viejo artista, que llevaba por nombre Picasso.
Más tarde, en el hotel, el genial pintor trazó en una cartulina un grabado que representaba a Andrés frente a un toro, y se lo regaló. El torero cuenta que el dibujo se asemejaba a los que él realizaba de niño en la pizarra y el maestro se los hacía borrar por ser pintarrajos. Así que creyó que aquel pintor con aspecto de guasón se estaba burlando de él, y rompió en varios trozos la cartulina ante la estupefacción de los presentes y el enojo de Picasso, que comenzó a blasfemar en francés.
Hace unos días, estuve a punto de hacer lo mismo con el autógrafo de una estrella televisiva.
Resulta que la asociación AD+ organizará próximamente un campeonato de mus a beneficio de la Fundación Numen, un colegio de educación especial para alumnos con parálisis cerebral, en el que tendré el gusto de participar. Beatriz Palop, alma mater de la organización, me comentó que después se realizará una subasta de objetos para recaudar fondos. Como ejemplo, habrá una camiseta del Real Madrid firmada por todos los jugadores. Dado que mi novela versa sobre el mus, se me ocurrió la idea de recoger en uno de los ejemplares la firma de escritores para aportar el libro a la subasta.
Hombre, ya sé que los escritores no somos jugadores de fútbol; pero, a lo mejor, a la vuelta de cien o doscientos años, la camiseta quizás se haya deshilachado y la firma conjunta de un puñado de autores de otra época tenga su gracia.
Así que, como si fuera una adolescente pidiendo autógrafo a los Jonas Brothers, estos días ando tras los autores por la Feria del Libro de Sevilla, recabando firmas. Cuando haya concluido la labor, daré la relación. He de decir que todos y cada uno de los asaltados han firmado con una sonrisa en los labios. ¿Todos? No, todos no. Ha habido uno que no. El showman televisivo metido a escritor alegó que él no firmaba más que sus libros; pero alguien de su séquito le insistió que se trataba de una buena causa y el susodicho pilló con desgana el primer trozo de papel que encontró y estampó su firma en él. Mi educación me impidió indicarle el lugar exacto de su anatomía en el que podía colocárselo.
Me maldije a mí mismo por haberle dado la oportunidad a ese cretino de unir su firma a la de los otros escritores. Y, en cierto modo, después de leer en sus ojos la soberbia y el divismo, me alegro de que las cosas hayan pasado así.
Así que cualquier día de estos, cogeré ese papel y repetiré el gesto de Andrés Vázquez con el dibujo de Picasso. Claro que el cretino no es Picasso.

sábado 16 de mayo de 2009

Feria de Sevilla... del Libro

Estos días ando bastante ocupado… y cansado. Y es que estamos de Feria en Sevilla… de Feria del Libro. La de las sevillanas y el rebujito ya pasó (afortunadamente). Ya sé que la foto engaña (digamos que es un señuelo) y pertenece a esa otra feria, la de las sevillanas y el rebujito, que –por cierto- tiene bastante más aceptación que la de los libros.
Estamos en un mundo en crisis. Pero este desaguisado no se va a solucionar con inyecciones al sector financiero, al automovilístico o al de la construcción. El problema es que la crisis económica viene determinada por una crisis de valores a la que casi nadie parece hacerle ni puñetero caso. La falta de educación de la sociedad comienza a ser más que preocupante; y la cultura, que yo sepa, no tiene inyecciones sino permanentes puyazos. Un ejemplo: las páginas dedicadas a cultura en los periódicos últimamente se ven cercenadas en beneficio de la crónica social y de los deportes. El fútbol es el nuevo opio del pueblo. El circo de nuestros días. Panem et circenses. Como cada vez hay menos pan, pues se necesita más circo para tener distraído al personal.
En medio de esta dominación romana, hay una pequeña aldea de irreductibles galos que se resisten a claudicar: los periodistas culturales. Recientemente se ha creado la Asociación de Periodistas Culturales de Andalucía “José María Bernáldez”, presidida por Manuel Pedraz, con unos objetivos muy definidos: fomentar la presencia de la información cultural en los medios de comunicación, trabajar por la formación y la especialización de los periodistas culturales de Andalucía, defender sus intereses profesionales, velar por el pleno ejercicio de la libertad de expresión en los medios de comunicación en cualquiera de sus soportes y acercar el hecho cultural a la ciudadanía.
Ayer tuve la oportunidad de asistir a las primeras charlas organizadas por esta asociación, en las que intervinieron algunos de los periodistas culturales más interesantes de este país: Jesús Vigorra, Sergio Vila-San Juan, Toni Iturbe, Guillermo Altares… y, sinceramente, me congratulé de comprobar que aún quedan voces potentes en pos de la cultura. Hálitos de aire fresco dentro de una atmósfera enrarecida.
Le deseo larga vida y muchos éxitos a la asociación. No se le escapa a nadie que los que estamos metidos en este tinglado necesitamos de los periodistas culturales. Así que ayer quise, como autor, estar presente en su puesta de largo para prestarles mi humilde apoyo.
Quizás algún día el circo pierda terreno en beneficio de los libros. Por soñar… Tal y como reza el lema de la asociación: “Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora”. Sabias palabras de Mariano José de Larra. Brindo por ellas.

miércoles 6 de mayo de 2009

Portugalete

Los fuertes vientos y las abundantes lluvias, que bajaban impetuosamente por unas calles sucias e insuficientemente empedradas, no contribuían a cuidar la salubridad de los portugalujos, que se mezclaban con los marineros de los barcos que frecuentaban el puerto. Muchos de ellos gentes de mal vivir que aprovechaban sus estancias en tierra para visitar tabernas y burdeles clandestinos, donde se gastaban el salario y buscaban desahogo a las represiones acumuladas durante meses en altamar. (Muerte dulce, página 88)

Mucho ha cambiado Portugalete desde su creación, allá por 1322, cuando lo componían tres largas calles empinadas atravesadas por estrechos cantones, a pesar de que aún conserve aquel trazado medieval… y mucho ha cambiado desde aquellos años setenta de mi niñez. Hoy es una villa moderna, agradable y limpia. ¡Con rampas metálicas en plena calle para subir las cuestas! Es una delicia pasear por el Muelle de Churruca con el jersey anudado sobre los hombros (como mandan los cánones) y dejarse acariciar por la brisa de la ría abandonándose al mar. Nunca me cansaré de contemplar el Puente Colgante.


Atrás quedaron la contaminación y los cielos rojizos de los febriles años industriales. Aquellos años en los que se forjó mi personalidad en esta apacible villa proletaria de la margen izquierda.



Para mí Portugalete es sinónimo de evocación: los partidos de baloncesto en el patio del Colegio Santa María, nuestro quinto piso sin ascensor de la calle Ortuño de Alango, las palmeras de coco y los bollos de mantequilla de la tienda de Cristi, las maravillosas vistas al mar desde la casa de mi amigo Agustín, el olor de los libros de la Biblioteca Municipal, las monedas antiguas que me regaló el abuelo de Infante, los futbolines de Santos, los cortes de pelo en la vieja barbería de General Castaños, las visitas a mis tíos y sus nueve hijos en Repélega, los juegos en la plazoleta donde Íñigo tiraba de la coletas de Merche como único modo de demostración de afecto, las salidas al monte, el coro de la capilla, los uniformes de las chicas de El Carmen, las redacciones de don Ángel Alonso, las lecciones de sexualidad del “padrecito” Llanos –jesuita para más señas-, el nacimiento de mi hermana Cristina y su bautizo en la preciosa Basílica de Santa María, la música de Supertramp, los jeriguays en los guateques del colegio, Grease en el cine Java, las mañanas dominicales en el Parque de los Monos…
… podría seguir, pero sé que no hace falta porque quien más quien menos tiene su Portugalete.

miércoles 29 de abril de 2009

Ojos moros

Hoy es el cumpleaños de Pilar. Ella tiene la dulzura y la raza de las mujeres del sur. De su belleza, no puedo hablar… no sería objetivo.
Conserva el embrujo de los ojos moros. Sí, es de Granada. No podía ser de ningún otro sitio. De Salobreña, en la costa granadina. De la misma costa que vio alejarse a Boabdil entre lágrimas.
Ella me ha aportado la estabilidad necesaria para afrontar cierta clase de retos, como escribir dos novelas.
Cada vez que la miro, me siento feliz por tenerla a mi lado.

miércoles 22 de abril de 2009

Bizkaia Maitea

Hoy acabo de dejar atrás los campos de Castilla y me he adentrado en los frondosos bosques de mi Bizkaia maitea. Hoy siento una extraña mezcolanza de nostalgia y bienestar. La que se siente cuando uno regresa a casa después de mucho tiempo. Por ello, me permito reproducir una de las confidencias que relato en el anexo de mi última novela:
¡Y qué decir de mi Bizkaia maitea! Tengo la sensación de que no es suficientemente conocida… ni reconocida. Es tan bonita que sorprende. Quizás me atrevería a definirla con muy pocas palabras: Vizcaya es monte y mar, y es gente noble. Pero sería incapaz de transmitirles la belleza de tantas imágenes como me asaltan. Quien ponga en duda mi objetividad no tiene más que pasearse por las siete calles de Bilbao o por el casco antiguo de Balmaseda. También puede visitar las Encartaciones o las ermitas románicas o cualquiera de sus parajes naturales –hermosas rías, arboledas, playas y montañas-. Pero confieso que mi debilidad es San Juan de Gaztelugatxe, un conjunto único y singular, casi mágico. Esta aventura de don Fernando de Zúñiga constituye, en cierta medida, mi humilde homenaje a todos estos lugares recorridos por él y por su fiel Pelayo.
Si alzo la mirada puedo ver la ría y el Puente Colgante. ¡Cuántos recuerdos! Para colmo, Alfredo Gastiasoro, un viejo amigo, acaba de mandarme las fotos de 4º,5º y 6º EGB. Hacía más de treinta años que no las veía. No es posible que haya pasado tanto tiempo. Ellos siguen siendo mis compañeros de colegio. Con algunos me reencontraré mañana a las 19:30 en en Centro Cultural Santa Clara de Portugalete, donde presentamos Muerte dulce. Tendremos más canas, más kilos y menos pelo, pero estoy seguro de que conservaremos la misma sonrisa.

sábado 18 de abril de 2009

Barcelona, negra y criminal

La primera vez que visité Barcelona me quedé fascinado... y la segunda... y la tercera… Es una ciudad que gira en torno a la cultura, y la cultura en torno a la ciudad. Una simbiosis perfecta que yo no he conocido en ningún otro lugar del mundo.
Además, yo le tengo un especial cariño porque en la clínica IMO, el doctor Borja Corcóstegui consiguió conservarme el ojo. Cada vez que acudo para que me lo revisen, llevo mi cámara. Y por eso, quiero dejar estas fotos. Son imágenes de la Barcelona que adoro, la genuina… la negra y criminal.
¿Negra y criminal? No se asusten. Ese es el nombre una de las librerías especializadas más prestigiosas de todo el territorio nacional, ubicada en la maravillosa Barceloneta. Y resulta que Negra y Criminal ha incluido “Muerte dulce” en una reducida lista de recomendaciones para regalar en la Diada de Sant Jordi.
Ver mi nombre junto a mis admirados Francisco González Ledesma o Alicia Giménez Bartlett, me llena de orgullo. Desde aquí quiero mandar un abrazo virtual a mis desconocidos amigos de Negra y Criminal, prometiéndoles que pronto iré a dárselo en persona.















miércoles 15 de abril de 2009

Plaza Mayor

Esta es la Plaza Mayor de Villalpando. Una sobria plaza castellana, porticada por sus cuatro costados. Sin duda, una de las más bellas. Sobre ella ha girado la vida del pueblo durante los últimos quinientos años. En este recinto se ha coronado a la Inmaculada, se han celebrado ferias, se han ajusticiado criminales, se han corrido encierros de toros y, sobre todo, constituye el punto de encuentro de todos los villalpandinos. Bulliciosa durante las fiestas de San Roque y desierta en los días fríos de invierno. Es una delicia verla sin vehículos ni aditamentos modernos. Me gustan los rincones en los que parece que no ha pasado el tiempo.
En el sitio que hoy ocupa el Ayuntamiento y el edificio blasonado contiguo, antaño se levantó una fortaleza templaria. Aún quedan arcos apuntados y otros vestigios de la que fue su iglesia, hoy flamante salón de actos. El pasado sábado se presentó “Muerte dulce” en este marco incomparable. Estuvieron conmigo mi familia y un montón de amigos. Fernando Cartón ejerció de maestro de ceremonias realizando un esbozo muy emotivo de mi novela. El abrazo que le di fue sentido.
Mañana la presentaremos en Sevilla. Y el 20 en Valladolid, el 21 en Zamora y el 23 en Portugalete. En la agenda de la página web están los horarios y lugares. Si a algunos de ustedes les cuadra acompañarme, estaré encantado de saludarles y, sobre todo, agradecido.

miércoles 8 de abril de 2009

Silencio y sentimiento

Mañana me tomo cuatro días de descanso. Cambio el bullicio y el calor de la Semana Santa de Sevilla por la sobriedad y el frío nocturno de Villalpando. Por eso la semana pasada colgué varias fotos (todas en colorines) de Sevilla en esta bitácora, y por eso dejo hoy una sola en blanco y negro de Villalpando.
Es Jesús Nazareno paseando su tristeza bajo los arcos de la Puerta Villa. Silencio y sentimiento en estado puro.
El sábado no hay procesiones y tendré la fortuna de poder realizar allí la primera presentación de “Muerte dulce”. La respuesta de mis queridos villalpandinos a “La sangre de los crucificados” me ha resultado tremendamente emotiva. Este mes estaré en Valladolid, Zamora, Sevilla y Portugalete (todos ellos lugares muy especiales para mí), y más tarde en Málaga, Don Benito, Madrid y quién sabe dónde… pero esta vez la primera tenía que ser en Villalpando.

miércoles 1 de abril de 2009

Domingo de Ramos en Sevilla

Cuando algún lugar se encuentra atestado de personas, no hay nada más indicado que decir: hay más gente que en un Domingo de Ramos en Sevilla. Verídico. El Domingo de Ramos es el día grande de Sevilla. El mundo entero se echa a la calle. Los sevillanos se visten de boda –la mayoría estrena traje- para presenciar los pasos en todos y cada uno de los rincones del centro. Siempre me resultó curioso que en muchos bares hubiese un cartel anunciando los días que quedan para el Domingo de Ramos. Su Domingo de Ramos. Ese día se produce una especie de locura colectiva. Miles de nazarenos por todas partes, decenas de miles –perdón, quizás me haya pasado-… centenares de miles de espectadores a la caza y captura de un cristo, una virgen o una cruz… una Cruzcampo por supuesto.
Pero el Domingo de Ramos en Sevilla es además azahar, es la lágrima escondida de un penitente, es la cera derramada, es el reflejo de las velas en las bellísimos rostros de las Vírgenes bajo palio, es la partitura de una trompeta cofrade, es un Cristo agonizante junto a la Giralda, es el coraje de un costalero, es el sufrimiento de un capataz, es un minuto de silencio bajo el arco del Postigo, es una saeta a la Estrella de madrugada, es… un Domingo de Ramos en Sevilla.







miércoles 25 de marzo de 2009

El origen del mus

La primera referencia escrita que existe sobre el mus data de 1745 cuando Manuel Larramendi lo mencionó en su Diccionario Trilingüe Castellano-Bascuence-Latín. Así pues, parece evidente que ya años antes debía de jugarse en las tabernas vascas. En Muerte dulce me he permitido novelar sobre el origen del mus (con permiso de los maestros Mingote y Leguineche). Y, desde luego, si no surgió tal y como lo narro, tuvo que ser muy parecido.
En mi novela, Eugenio González Gorostiza, más conocido como Antzara, sienta las bases del mus. Antzara significa ganso en euskera y, a su vez, ganso es tahúr en el lenguaje de las germanías. Pues bien, Antzara es un veterano tahúr, curtido en las casas de tablaje de Bilbao, Madrid, Nápoles, Sevilla… Es un extraordinario jugador, pero termina míseramente porque, como él dice: quien juega, quien apuesta… finalmente llega el día en que termina perdiendo.
De vez en cuando, Antzara, viejo y arruinado, vuelve a la cuna del mus, la taberna de El muslari tuerto (esta se encontraba en uno de los cantones de Carnicería Vieja, muy cerca de la iglesia –hoy catedral-, que aparece en la foto) donde introduce nuevas reglas en el mus, un juego compendio de todos los anteriores para terminar siendo genuino y el más grande de todos los juegos de naipes.
Su obsesión, lo único que le empuja a seguir viviendo, es crear un juego donde no siempre gane el que mejores cartas tiene. Un juego en el que se apueste algo más importante que el dinero. Un juego de honor.
Antzara toma reglas de los viejos juegos, tanto de los lícitos como de los de estocada (aquellos en los que se apostaba fuertemente): en la pechigonga se daban cuatro cartas a cuatro jugadores y con ellas se envidaba o se pasaba; en el rentoy y en el truque también se envidaba y se hacían señas (algunas fueron adaptadas al mus); en el juego del reinado lo que más valían eran los reyes; en el juego de los cientos se quitaban los treses y las cartas más valiosas eran los ases, como en el rentoy lo eran los doses; en el juego de la báciga había que formar la cuatrinca (cuatro cartas iguales) o formar un catorce (dobles parejas); en el juego del cacho, como en el de la báciga o las treinta, el objetivo era sumar treinta y una.
Se permitió usar la sota de oros, la carta más valiosa en el rentoy (llamada pendanga en la báciga o perica en el truque) para formar la treinta y una real.
Esa fue la gran creación de Antzara: el juego del musuz musu (cara a cara, en euskera), como él lo bautizó, aunque posteriomente alguien determinó acortar su nombre.
El mus: cuatro jugadores, cuatro cartas y cuatro lances: grande, chicas, pares y juego.
Una de las más grandes partidas de la historia tuvo lugar en El muslari tuerto. Los mejores jugadores de Bilbao la disputaron la noche de San Fernando del año de gracia de 1683. Algunos de ellos terminaron pagándolo con su vida. Pero para saber lo que pasó, tendrán que leer Muerte dulce.

miércoles 18 de marzo de 2009

Muerte dulce

Pues sí, Muerte dulce. Este finalmente es el título de mi nueva novela. Después de meses de minuciosa preparación, seleccionando y mezclando ingredientes, ya está en el horno. Así que en unos días deberá estar lista para ser devorada. Al menos, eso espero.
Estoy deseando volver a sentirme como esa madre de las de antes que se pasaban la mañana cocinando para que llegara la familia y se lo zampara todo en un santiamén, la mayoría de las veces sin dar las gracias.
Esa también es la grandeza y la miseria de los escritores. Meses, si no años, de duro trabajo para crear una obra que podrá ser leída en unas horas.
Muerte dulce supone la segunda aventura (que no segunda parte) de mi querido Fernando de Zúñiga. Eso sí, he tratado de narrarla de tal manera que quien no haya leído previamente La sangre de los crucificados pueda disfrutar tranquilamente de Muerte dulce.
En Muerte dulce hay algunos de los ingredientes de la anterior novela: viajes, rigor histórico, intriga, asesinatos, emocionantes relaciones personales… pero además hay otros dos. Uno es el vino, como no podía ser de otro modo por ser el mejor compañero de cualquier suculenta comida. Para ser más precisos, diré que el vino de las tierras del Duero es una pieza importante de la trama. Y el otro lo componen los naipes, y en especial un juego que acaba de nacer en las tabernas vascas: el mus.
En absoluto es necesario saber jugar al mus para imbuirse en la historia. Aunque también es verdad que los muslaris sonreirán con algunos de los lances de la famosa partida que se celebró en la taberna bilbaína de El muslari tuerto durante la noche de San Fernando de 1683, y que supuso el desencadenante de una serie de misteriosas muertes que el doctor Zúñiga deberá investigar.
Mi editor me dijo que me resultaría más difícil escribir la segunda novela que la primera…. ¡y vive Dios que tenía razón! La más que maravillosa acogida de los lectores de La sangre de los crucificados me cargó de ilusión, aunque también de responsabilidad. Cada noche me enfrentaba a las teclas de mi ordenador con el único propósito de que Muerte dulce estuviese, por lo menos, a la misma altura que su predecesora.
Por el camino han quedado dudas, inseguridades, atascos… pero también satisfacciones y sonrisas, especialmente cuando intuía que la novela tomaba forma o cuando las musas se acordaban de mí para componer una bonita frase.
El trabajo está hecho. Ahora solo me queda esperar que Muerte dulce sea del agrado de todos sus lectores, para que la lista de comensales se vaya ampliando. Confieso que tengo fe en ella… y en ustedes. Buen provecho.

miércoles 11 de marzo de 2009

El mapa del tiempo

Hoy he elegido una foto de Londres, porque Londres es el escenario de la mejor novela que he leído en los últimos años. La acabo de terminar y aún estoy bajo sus efectos. Bajo los maravillosos efectos de El mapa del tiempo, de Félix J. Palma.
Resumiendo diré que… es una auténtica obra maestra. Como todas las grandes novelas, no se puede encasillar en un solo género. Con tintes de ciencia ficción, de novela romántica, de ensayo, de novela histórica y hasta de novela negra… y unos personajes inolvidables y excepcionalmente elaborados.
Consta de tres partes bien distintas que terminan enlazándose entre sí. El mapa del tiempo comienza muy bien, continua mejor y concluye de forma magistral.
Cuando comencé a devorar libros, descubrí grandes historias. Pero a medida que leía más, sentía que quedaban muchas por escribir. Por ejemplo, siempre eché en falta una buena historia sobre magos. No hace tanto que J.K. Rowling la escribió, así que (por desgracia para mis bolsillos) ya no podré ser el creador de Harry Potter ni de nadie parecido. También es verdad que hace poco que soy escritor y jamás había pensado en mí mismo como un inventor de historias.
De la misma manera, había echado en falta una buena historia sobre los viajes en el tiempo. Después de la novela de Félix J. Palma será muy complicado que alguien intente enmendarle la plana y creo que mis tibias pretensiones de escribir sobre ello van a quedar aparcadas sine die.
También echaba en falta las historias de algún detective que aumentara la reducida lista de sabuesos hispanos. Al menos tengo el consuelo de haber aportado mi granito de arena con mi personaje de don Fernando de Zúñiga. Su segunda aventura, Muerte dulce, se publicará si todo va bien el mes próximo.
Pero de ella avanzaré algo la semana que viene. Hoy tengo que rendir pleitesía y confesar mi profunda admiración por El mapa del tiempo y por su autor. Con su obra, Félix J. Palma se ha adentrado en la cuarta dimensión para crear una auténtica máquina del tiempo, una novela que perdurará en el espacio físico y temporal, y en el recuerdo de cuantos hemos tenido el placer de disfrutarla.
Mi más sincera enhorabuena, tocayo.

miércoles 4 de marzo de 2009

¡Aupa Athletic!

Me acuerdo perfectamente de la última final de Copa que jugó el Athletic. Las noticias de hoy se han encargado de recordarme que eso aconteció hace veinticuatro años.
He de ser sincero y confesar que no hubiera estado mal haber disputado alguna que otra más, pero lo que más me ha inquietado es que este tipo de acontecimientos provocan que nos detengamos a pensar y que, aunque sea por un momento, nos abstraigamos (creo que se dice así) de esta vorágine –llamada vida- por la que transitamos a toda velocidad, muchas veces a tontas y a locas.
Veinticuatro años. Podría enumerar los amigos que se mofaron de mí en aquel bar de Salamanca cuando marcó Hugo Sánchez. Veinticuatro años. Ahí es nada. Parece que fue ayer. Un cuarto de siglo… o un suspiro. Es casi lo mismo. Nada hay más inexorable que el transcurrir del tiempo. Devoramos los años (o quizás debería decir que los años nos devoran a nosotros) sin darnos cuenta. Y cuando nos detenemos a pensar ya es tarde. El tiempo nos ha vencido. Y sólo nos queda echar la vista atrás para arrepentirnos por las cosas que hemos dejado de hacer.
Por eso hace algún tiempo que decidí tomarme la vida de otra manera. Disfrutar de esas pequeñas cosas que son capaces de alterar cualquier existencia anodina. El tiempo terminará por vencerme a mí también, pero al menos me pillará con las botas puestas.
Por cierto, mi Athletic acaba de ganar al Sevilla y jugaremos la final con el Barca. Ya va siendo hora de que la gabarra vuelva a la querida ría de mi niñez. ¡Aupa Athletic!

miércoles 25 de febrero de 2009

Nostalgia

Con la fotografía perpetuamos imágenes. Es curioso. Una imagen sirve para recordar otra.
A veces, nuestra cámara capta paisajes o edificios que mañana permanecerán en su sitio. Lugares que podremos volver a fotografiar. Otras veces, hacemos fotos a situaciones que podrán repetirse de forma similar a lo largo del tiempo, quizás con otros personajes pero con la misma esencia, como toda clase de festejos locales que se suceden año tras año.
Sin embargo, hay algunas fotos que van más allá. Fotos que sirven para que personas o lugares que ya no están, perduren nítidamente en nuestra memoria. Lugares, tal vez, que significaron algo especial en un momento de nuestras vidas y a donde resulta imposible regresar salvo con el recuerdo.
Este dibujo presidió durante muchos años el bar de Toño. Exactamente los años en los que me apetecía trasnochar para tomarme una copa con mis amigos durante las vacaciones, mientras disfrutábamos al ritmo de Loquillo, Nacha Pop, Burning o Los Secretos.
Con la reforma del bar, el dibujo desapareció. Y en cierto modo, mis salidas nocturnas también. De vez en cuando, sigo yendo al bar de Toño, pero los tiempos han cambiado. Ya no está la afligida Estatua de la Libertad ni el niño consolándola. Además, la juventud demanda otro tipo de música que ya no estoy en condiciones de soportar más de diez… cinco minutos. Menos mal que Toño es un buen tipo y, cuando la gente se va, nos pincha esas viejas canciones que nos quitan unos cuantos años.
Afortunadamente, un día tuve la feliz idea de hacer esta fotografía. Además de la belleza de lo que representa, a mí me hace recordar buenos tiempos. Aunque a veces la nostalgia se viste de amargura y hay quien prefiere no echar la vista atrás, yo siempre le encuentro ese punto de dulzura.

miércoles 18 de febrero de 2009

Un carnaval silencioso

La palabra Carnaval parece que tiene que ir unida a bullicio o jolgorio. Y si no que se lo digan a los gaditanos, a los canarios o a los brasileños. Ellos celebran el Carnaval con gran estruendo. A mí, como no me gusta el ruido, no me entusiasman los carnavales.
En teoría, un fotógrafo debería de disfrutar con una cámara en ristre, disparando a diestro y siniestro entre una marabunta de piratas, payasos, trogloditas o extraterrestres entonando popurrís al ritmo de un pito de carnaval. Pero, que quieren que les diga, teniendo Cádiz a tiro de piedra y buenos amigos gaditanos, aún no me he visto con fuerzas de abordar tal tarea.
En febrero del año pasado, Pilar me preparó un viaje sorpresa a Venecia. Y sorpresa fue la que me llevé yo al descubrir unos carnavales silenciosos. No es que me encantasen, pero al menos se podían oír a las gaviotas mientras los cientos (o miles) de turistas acribillaban a disparos fotográficos a unos cuantas personas disfrazadas en el muelle junto a la Piazza San Marco.
Sin darme cuenta, ya he descrito el Carnaval de Venecia. Pues eso, decenas de hombres y mujeres, espectacularmente ataviados, portando bellísimas máscaras. Posaban en los lugares más bonitos y estudiados (se movían dependiendo del sol para facilitar la calidad de las imágenes) con el único propósito de obtener el mayor número de fotos de las legiones de turistas que les perseguían como posesos, tratando de captar una instantánea en la que no se colara otro turista. Tom Cruise lo tuvo más fácil en Misión Imposible.
Quizás se pregunten si fui uno más de esos posesos. Sí y no. He de reconocer que el primer día caí en la tentación del colorido de las máscaras y gasté algunos carretes en colorines (que el dios del blanco y negro me perdone). Pero una vez visto el percal, el día siguiente fue más divertido.
Ocurrió que nos agenciamos unas capas negras y nos compramos el kit de maschera nobile: careta blanca, pañuelo de seda y sombrero de tres picos. Al fin y al cabo, se trata del disfraz más genuino de Venecia, ya que los vestidos pomposos vinieron después. Ataviados de tal guisa, nos paseamos por puentes, plazas y canales, posando para turistas y respondiendo al agradecimiento que nos mostraban, realizando una sutil reverencia con la cabeza. Jamás pensé que llegaría a confesar que bajo la máscara del tipo de la imagen de abajo, se encuentra un servidor haciendo las delicias de un puñado de turistas... y de Pilar que se partía de la risa mientras fotografiaba la estampa.
Y ellos tan contentos. Habían conseguido una magnífica foto de todo un veneciano auténtico. Tan auténtico como un finlandés vestido de corto en la Feria de Abril de Sevilla.

miércoles 11 de febrero de 2009

Despedidas

Cuando uno no se quiere ir, lo único bueno que tienen las despedidas es la confianza en el reencuentro. Las despedidas saben a tristeza y huelen a melancolía. Nos pasamos la vida despidiéndonos. Despidiéndonos de lugares, de familiares, de amigos… Lugares, familiares y amigos que evocamos en la distancia, o peor aún, que evocamos en el tiempo.
La mirada de esta muchacha enamorada es una preciosa despedida. Una despedida primeriza. Sus ojos albergan la inocencia que sólo otorga una despedida. Quizás, las miradas de las despedidas sean las únicas que nunca pierden esa inocencia.
Yo me he pasado la vida despidiéndome. Atrás han quedado demasiados lugares, demasiados familiares, demasiados amigos… La mayoría están ahí, esperando el reencuentro. Tal vez no se produzca nunca, pero nos tranquiliza saber que están ahí. Sin embargo, algunos ya no volverán. José Noguera terminó yéndose. Hoy le he dado mi última despedida. Hasta siempre, José.

miércoles 4 de febrero de 2009

Un rayo de esperanza

Mi amigo José es un tío dicharachero y buena persona. Siempre de buen humor. Joven para morir. Aunque supongo que siempre se es joven para morir. Es de la cosecha del 65, como yo.
Lleva unos meses fastidiado con una hepatitis que le ha dejado en los huesos. Treinta kilos se ha dejado por el camino (y pesaba ochenta). La enfermedad se le ha complicado con una diabetes.
Este fin de semana, para colmo, le hicieron unas radiografías en la cabeza y le han diagnosticado un tumor cerebral bastante avanzado.
Hoy le dijo a su mujer: "Charo, me voy para arriba".
El destino es cruel y la vida se nos va cuando menos te lo esperas. José está muy débil y creo que está a punto de tirar la toalla. Tantos golpes en tan poco tiempo noquean a cualquiera.
Aún así, espero que se aferre a la vida... como el último rayo de luz que tiñe de plata las olas del mar.

miércoles 28 de enero de 2009

De mudanza

Hoy estoy de mudanza. Para los que han sufrido alguna, no hace falta que cuente nada más. Cajas y más cajas, muebles que no caben, cosas que no aparecen… todo eso con un agotamiento extremo y un dolor de lumbares de tres pares de narices. Si además añadimos que tengo un trancazo de órdago, alguien podrá entender que estoy deseando meterme en la cama.
Sin embargo, parece que tengo una cita conmigo mismo todas las semanas en este lugar y aquí estoy. Hay un sinfín de ropa y cachivaches varios que no encuentro, pero mi ordenador y mis fotos siempre están controlados.
Me esperan por delante días de colgar cuadros, colocar cortinas, ordenar objetos varios… Afortunadamente (o por desgracia) tengo un minúsculo trastero donde haciendo encaje de bolillos espero almacenar como si se tratara de un rompecabezas todo aquello que no es útil y que no sé qué mecanismo de nuestro cerebro se resiste a arrojar a la basura.
Hay determinados objetos sagrados. Parece como si al tirarlos, matáramos algo de nosotros mismos. El objeto estrella de esta categoría lo componen recuerdos inservibles de algún viaje. Los libros, los tebeos e incluso las revistas antiguas merecen otro trato. Quizás nunca volvamos a releerlos, pero están ahí. Algunos ingenuos incluso tenemos la esperanza de que nuestros hijos nos recuerden a través de ellos. Si no, ya me dirán que hago con esas cajas de Fotogramas que he coleccionado durante años.
Hay otros objetos que necesitamos mantener para que nuestra memoria regrese a un tiempo, mejor o peor, pero en el que indudablemente éramos más jóvenes: viejas cartas, un instrumento musical que hace siglo que no tocamos… Un poco de eso me ocurre con mi cámara Pentax P-30 (de enfoque manual) o con mi ampliadora. Aún sigo revelando mis negativos en blanco y negro, pero ya no revelo el papel. Atrás quedó el cuartucho que hacía las veces de laboratorio y las horas bajo la luz roja esperando a ver el resultado final de una foto tomada días atrás. Pocas cosas se pueden comparar a la magia de ver cómo en el papel blanco van apareciendo negros y grises hasta conformar la fotografía. Por eso me niego a usar una cámara digital cuando persigo una buena instantánea. Sigo sin encontrar sentido a acumular compulsivamente miles de fotos. Fotos que difícilmente podrán ser disfrutadas. Por eso, ya lo saben, me reconozco más cazador que fotógrafo.
Y hablando de fotos, ha llegado el momento de renovar la decoración de mi casa. Como entenderán, suelo repartir algunas por las paredes. Sin embargo, de vez en cuando me canso y las renuevo. La que seguiré dejando en el cabecero de mi cama es ésta de hoy. Y es que una mañana desapacible de niebla en un canal de Dublín incita a cobijarse bajo el edredón. Buenas noches.

miércoles 21 de enero de 2009

¡Quién fuera vaca en Asturias!

Después de un año trabajando intensamente en la novela, una vez entregada a la editorial, me he venido abajo. Es como si todo el cansancio retenido por la falta de sueño y la intensidad con la que me imbuí de nuevo en don Fernando de Zúñiga y en su época, hubiesen aflorado al concluir la última página. Creo que, con el último punto, descargué el peso de la responsabilidad y ahora me encuentro entre vacío y expectante, aguardando a que los lectores dictaminen su veredicto a partir del mes de abril.
Por eso, sólo tengo ganas de comer y dormir. A veces dan ganas de creer en la reencarnación. Y dado que me tocaría ser animal, puestos a elegir, me gustaría ser vaca. Pero no una vaca cualquiera (tolón, tolón). Me gustaría ser vaca en un lugar determinado. ¿Adivinan dónde? Podría ser en la India… pero no. Y no digan que no lo he puesto fácil en las fotos. Efectivamente, me gustaría ser una vaca asturiana de los lagos de Covadonga. Debe ser cojonudo. Y perdón por el vocablo malsonante, no suelo prodigarme en ellos, pero es que no se me ocurre otro que lo defina mejor (¡ah sí! ¡sería la leche!). Podría comer cuanto me placiese sin tener que controlar el peso, podría tumbarme a la bartola en un sitio privilegiado, podrá rumiar a mis anchas, podría concluir las conversaciones con un simple “Mu”, podría relacionarme con mis congéneres a mi rollo, dejarme querer por un toro de vez en cuando (uy, que me pongo nerviosa)...
Bueno, mejor será que deje lo de la vaca porque esto de ser novelista tiene sus inconvenientes y uno se mete en el papel rápidamente. Y hablando de “Mu”, me acabo de dar cuenta que así comienza el título de mi próxima novela. No, si al final va a resultar que llevo una vaca dentro.

miércoles 14 de enero de 2009

El puente de Balmaseda

Este precioso puente, símbolo del Balmaseda, es uno de los escenarios de mi próxima novela.

Un viejo puente de traza medieval dio la bienvenida a la berlina polvorienta. Sobre su arco central, el más elevado de los tres, un torreón con un templete adosado servía de puerta de entrada a la villa más antigua de Vizcaya. No en vano, Balmaseda pronto cumpliría quinientos años. Comerciantes, mulateros y trajineros, unos procedentes de Castilla y otros de la costa, aguardaban su turno para que el Cuerpo de Guardia les asignara o les cobrara el impuesto aduanero. Bacalao, salmón, sardinas, azúcar o canela se diezmaban en beneficio de las arcas reales. Sin embargo, la mercancía más preciada era la lana que se almacenaba en las lonjas, esperando su embarque en el puerto de Bilbao, después de haberse lavado y tratado en Burgos adonde llegaba desde tierras segovianas.
Atrás acababan de quedar casi siete días, recorriendo caminos y atravesando aldeas, pueblos y ciudades. Siete días repletos de miradas subrepticias y fugaces. Siete días que Pelayo se había pasado en el pescante junto al padre de Isabel, un hombre con poca conversación, entre otras cosas porque era mudo.

Avanzo un nuevo párrafo de la novela. Aunque la verdad es que me cuesta. Después de tantos meses en los que ha sido sólo mía, hacerla pública me produce una rara mezcla de sensaciones.

martes 6 de enero de 2009

6 de enero de 1974

Querido diario: hoy han venido los Reyes Magos. Por fortuna, la crisis no va con ellos. Los sirios y los egipcios se liaron a bombazos con los israelitas cuando estos celebraban su día grande y se ha armado gorda. Parece que así se ha iniciado una crisis energética y los que mandan en el tema (la OPEP o algo así) han doblado el precio de barril de petróleo que es lo que vale para hacer la gasolina y que los coches anden. Para colmo, en Gran Bretaña hay huelga de la minería y su gobierno ha dicho que sólo se trabajen tres días a la semana. En cambio, nosotros tenemos que ir cinco días al cole. No es justo. Todo eso se lo he oído a mis padres. Ahora hay tres países más en Europa y ya suman nueve con Dinamarca, Irlanda y Gran Bretaña. A lo mejor es que se debe trabajar menos para entrar en Europa. Como todos los españoles trabajen como mi padre, nosotros aún tenemos para rato. Aquí en España, la cosa está revuelta. Hace unos días mataron a Carrero Blanco que era el Presidente del Gobierno y Franco debe andar bastante enfadado.
Claro que todo eso a los Reyes Magos no les debe haber importado, porque me han traído el Geyper Gol que les había pedido. Es un muñeco de poco más de medio metro, vestido con la camiseta de la selección, que lanza balones para que mi hermano y yo los paremos. Es fenómeno. Menos mal que tenemos alfombra en el pasillo. Yo tengo más cuidado al tirarme, pero Fernando se lo ha tomado muy a pecho y en cualquier momento se rompe la crisma. Aún tiene cinco años y no ve muy bien el peligro. Los dos queremos ser porteros, como Iribar que es el mejor. Por eso, el Athletic gana tantos partidos. El último título de copa fue nuestro.
También me han traído un madelman de la policía montada del Canadá. Es chulísimo. Además me han traído un libro de los Hollister, que es una familia que resuelve misterios, y una baraja de cartas de coches.
De todos modos, después de todo el día dándonos piñas con el Geyper Gol, mi hermano y yo estamos jugando a uno de nuestros juegos favoritos. Cogemos nuestros soldados de plástico, nos los repartimos y nos ponemos uno a cada lado del pasillo para tirarlos con una canica. Gana el que se quede con alguno en pie. Mi preferido es un capitán inglés al que le debe gustar ir por el desierto porque está en pantalones cortos y lleva prismáticos.
En fin, queridos Reyes Magos, un año más quería daros las gracias por vuestros regalos. Claro que lo cierto es que me había portado muy bien.

miércoles 31 de diciembre de 2008

Felix año 2009

No me acuerdo muy bien cómo andábamos de tecnología en la época en que me hicieron esta foto. Aunque me da que aún no había teléfonos móviles ni correos electrónicos para felicitar el 1966. Entonces, cuando abrías el buzón solía haber cartas que no fueran del banco. Pero para bien o para mal, nos encontramos 43 años después y... ¡jobar Félix, que ha pasado casi medio siglo! Parece mentira. Afortunadamente me he dado cuenta a tiempo. A punto estaba de empezar a contar batallitas al estilo del abuelo Cebolleta (mecachis, con la mera mención de este personaje ya caí).
Aunque parece ser que fui un niño bastante precoz, esta foto no es un autorretrato. Simplemente es la mejor manera que se me ha ocurrido de intentar arrancarles una sonrisa, una sonrisa evocadora pero una sonrisa al fin y al cabo. Seguro que más de uno de ustedes tiene una fotografía similar.
En fin, hoy no puedo sino desear salud para mis lectores y todos sus seres queridos… y mucho tiempo libre para el año 2009. Salud y tiempo libre. No se me ocurre nada mejor.
Besos y abrazos para todos.