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sábado, 31 de agosto de 2013

De vuelta

Aunque pueda parecer que he estado de vacaciones en el blog, no ha sido así exactamente. He pasado un mes muy duro cámara en ristre, enlazando una ruta gastronómica con otra. Lo dicho: muy duro.
Así que además de traerme unos cuantos kilos de más, también tengo algunas fotos nuevas que iré dejando por aquí. 
A partir de mañana realizaré retratos de ciudades como Coimbra, Oporto o Lisboa a base de fotografías acompañadas de pequeños textos. Espero que les guste.

domingo, 12 de agosto de 2012

Villalpando y mis lecturas

Villalpando ha tenido mucho que ver con mi pasión por la lectura y, como consecuencia, por la escritura. Y es que, de niño, pasaba los veranos enteros en el pueblo de mis padres. Ellos fueron, al fin y al cabo, los que primero me iniciaron en el maravilloso mundo de los libros. 
Cuando era pequeño, aunque cueste creerlo ahora, era bastante enclenque e inapetente. Por eso, los veranos los pasaba en Villalpando con mis abuelos con la idea de que los aires del pueblo me abrieran el apetito. Curiosamente me gustaba la lechuga y recuerdo que mi abuela me escondía los trocitos de carne envueltos en ella mientras me distraía mirando por la ventana cómo pasaban los camiones por la carretera de La Coruña y mi tía Inés me enseñaba a leer las matrículas. 
Las anginas me atacaban con fiereza y enfermaba con facilidad. Lo mejor de aquellos días en cama era que mi padre se presentaba con algún tebeo o con algún libro. Primero fueron los Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón. los vecinos del número 13 de la Rue del Percebe, Carpanta... poco después, El Capitán Trueno. Los primeros libros sin dibujos que recuerdo haber leído tenían que ver con los misterios que debían resolver los Hollister. Mi adolescencia estuvo plagada de aventuras que corrí de la pluma de Salgari, de Julio Verne, después de Agatha Christie… a todos ellos los descubrí en la biblioteca de Villalpando durante las vacaciones estivales.
También aquí me sumergí en el mundo lejano y fantástico de los monjes tibetanos recreado por Lobsang Rampa de la mano de mi amigo Carlos Arranz, antes incluso de que nos empezara a gustar las chicas. Tuve la suerte de conocerle a él y a Jesús Seoane en esa edad en que se forjan los caracteres y las personalidades. 
Y mientras otros andaban con toras en la plaza, nosotros éramos unos chavales raros que a punto estuvimos de saltarnos nuestra adolescencia de no ser por que en aquel verano del 79 nos enamoramos de la misma chica... los tres. Pero esa es otra historia... o quizás sea la misma.
Si echo la vista atrás, vuelvo a verme en la rebotica de doña Elvira jugando a las cartas con ellos, escuchando música de Led Zeppelin o de Supertramp, mientras hablábamos de libros o de algunas de las chicas que nos gustaban y a las que no nos atrevíamos a acercarnos. Recuerdo las chanzas ingeniosas de Jesús y las risotadas abiertas y francas de Carlos.  
Son tantos los recuerdos de entonces en Villalpando que me resulta muy complicado ordenarlos. Pensaba en las lecturas y, sin embargo, mi mente trata de rebelarse. Cada vez, me cuesta más dominarla.
Un año me escayolaron un pie por un esguince en el tobillo y tuve que sustituir mis tardes en el polideportivo, jugando al baloncesto, por la trilogía de El señor de los anillos que también saqué de la biblioteca. Y también me viene a la memoria una noche de tormenta en la que los ruidos de los cristales de la vieja casa de la abuela Chon me tuvieron en vela mientras devoraba las páginas de Los renglones torcidos de Dios. 
Desde que publicara Villalpando, paisajes y rincones, un librito con fotos realizadas con más esmero que fortuna, el pueblo de Villalpando ha acogido mis obras con todo su cariño. Y me consta que algunos de sus habitantes, algunos octogenarios, no han leído otras novelas que las mías. Así que, entenderán que es un motivo más para estarle agradecido. Por eso, quiero dejar hoy por aquí algunas estampas poco convencionales de nuestro querido Villalpando.

jueves, 22 de marzo de 2012

La restauración de la Puerta Villa

Según me cuentan, el inicio de la obras de restauración de nuestra querida Puerta Villa está siendo objeto de cierta polémica.
A mí me queda la tranquilidad de que están en manos de Fernando Cobos, uno de los arquitectos más reputados en restauración de monumentos quien, por cierto, está a disposición de todo aquel que tenga curiosidad por saber cómo se van a realizar las obras, sin que haya necesidad de crear ninguna alarma.
Fernando Cobos es miembro desde hace 20 años de la Asociación Española de los Amigos de los Castillos y del Consejo Científico de Europa Nostra, pertenece a la junta directiva de la Asociación Española de Arqueología Medieval y ha sido ponente en numerosos Congresos Científicos Internacionales. Eso por resumir su espectacular currículum.
Así que no creo que esté  muy interesado en realizar un estropicio esta vez. Ya tendríamos mala suerte de que fuera el primero, después de sus magníficos trabajos en los castillos de Castrotorafe, el de Ponferrada, el de Íscar o el de La Mota en Medina del Campo por nombrar algunos de los más cercanos.
Me dicen que una de las mayores preocupaciones es que no haya altura suficiente para que pase el Nazareno en Semana Santa. Para el sosiego general diré que, aunque ahora pueda parecer lo contrario, el suelo va a quedar a la misma altura que estaba, incluso un poco más bajo; por lo que si antes pasaba, cuando acaben las obras con más razón.
Por último, soy de los que defiende la ausencia de humos junto a las obras de arte -sobre todo si demandan un mimo especial-, por lo que no veo el inconveniente de evitar la circulación de vehículos bajo el arco, así ninguno podrá dañar el monumento ni chocarse contra él, como ya ha ocurrido con anterioridad. Y de paso, evitamos la posibilidad de un accidente. ¿Hay algún ciclista que no se haya dado un susto al toparse en pleno arco con un coche? Creo que cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad estará de acuerdo. Por fortuna, las nuevas generaciones están más mentalizadas en este sentido. No hace mucho, los alumnos del I.E.S. Tierra de Campos de Villalpando obtuvieron el 2º premio en el concurso Los Nueve Secretos convocado por la Junta de Castilla y León gracias a sus sugerencias al proyecto de rehabilitación de la Puerta Villa, entre las que -lógicamente- estaba su peatonalización.
Asi que, como creo en la labor de los buenos profesionales, estoy seguro de que en menos de un año, la Puerta Villa volverá a lucir con el esplendor de antaño. Al tiempo.

P.D. La foto es del blog de mi amigo Varo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Portentos y prodigios del Siglo de Oro

A Luciano López Gutiérrez y a mí nos unen unas cuantas cosas. Y supongo que él y yo estamos de acuerdo en que una de las que nos llegan al corazón es la de ser hijos de dos hombres buenos que lucharon por la armonía de su pueblo, siempre fieles a sus ideas, sin ningún tipo de vaivén político ni moral. Y es que, en cierto modo, Félix González Ares ha recogido el testigo de Luciano López García.
Pero hoy he venido a hablar de sus libros. Para mí fue una suerte que publicara Esbozo para un vocabulario de la Tierra de Campos zamorana justo cuando yo trabajaba en Muerte dulce, de modo que pudiera poner en boca de Pelayo algunas de las palabras que recogía Luciano.
Posteriormente, me facilitó un manuscrito en el que realizaba un magnífico trabajo sobre las supersticiones del Siglo de Oro. En él se hablaba de hombres nacidos de bestias, de leyendas, de exorcismos, de criaturas prodigiosos, de miradas que mataban... Los que hayan leído alguna de las novelas de don Fernando de Zúñiga entenderán que este libro supone para mí una curiosa fuente de inspiración.
Hoy ese manuscrito ve la luz de las librerías con el título Portentos y prodigios del Siglo de Oro (editorial Nowtilus). Se presentará el 7 de marzo a las 19:30 horas en la Casa del Libro de Madrid (Gran Via nº29).
Y yo que me alegro por Luciano. Su padre, desde el cielo, tiene un motivo más para estar contento.   

jueves, 8 de diciembre de 2011

La Purísima y Villalpando

En Villalpando tuvo lugar el 1 de noviembre de 1466 el primer voto explícito en defensa del misterio de la Inmaculada Concepción, que consiste -como su propio nombre indica- en la creencia de que la Virgen estuvo libre de pecado desde el mismo momento de su concepción.
De ahí que los villalpandinos lo celebren con orgullo cada 8 de diciembre.
Curiosamente, ya era fiel devoto de la Inmaculada Fernando III el Santo, el mismo sobre el que se discute su lugar de nacimiento, hijo de doña Berenguela... la misma que habitaba durante largas temporadas en el castillo que los condestables de Castilla poseían en Villalpando.

jueves, 3 de noviembre de 2011

lunes, 29 de agosto de 2011

El último comercio

Unas letras pintadas en el suelo de la calle, junto a la puerta, nos muestran el nombre de la persona que regenta el comercio (no es la primera vez que les hablo de él). No hay ningún cartel en la fachada. Ni falta que hace, sólo un carretillo apoyado en la pared. La gente de Villalpando sabe lo que se vende dentro: de todo. Cruzar el umbral de la puerta es regresar de golpe hasta mediados del siglo pasado.
Los artículos parecen estar desordenados, pero lo dicho: es sólo apariencia. Juanito, aun con sus problemas de vista, se mueve seguro entre conservas y tejidos, entre especias y aperos, entre licores y calzados... Cada caja cerrada supone un pequeño misterio. 
Juanito debería estar ya jubilado; sin embargo, confiesa que las cuatro perras de la pensión no le bastarían para vivir. Así que ahí sigue, al pie del cañón; en su vetusto negocio que, a la vez, es toda su vida. 
La tienda está vacía, como casi siempre. Solicito a su dueño permiso para tomar unas fotos y él asiente con gesto austero; y, como queriendo colaborar, enciende la única bombilla que hay en el techo. Le ruego que la apague porque prefiero fotografiar la estancia con su escasa luz natural. No lo dice, pero intuyo que no quiere salir retratado porque se aparta con prudencia cada vez que percibe próximo el objetivo. En cierto modo, me desasosiega haberle robado una foto a través de un pequeño espejo.
Disfruto con los detalles, con los olores, con los viejos objetos, con el sabor añejo de cuanto me rodea. No obstante, no quiero importunar a Juanito más de la cuenta y disparo con rapidez, sin trípode, a riesgo de que alguna instantánea me quede movida.
Observo que tras el vetusto mostrador de madera de castaño hay una libreta donde Juanito hace las cuentas a mano. Mide con una vara artesana de un metro y pesa con una báscula de platillos. Apenas posee productos perecederos. Calendarios y carteles antiguos se esconden entre perchas, camisas y almohadas, aunque también hay uno de 2011.  
Me voy con pesar. Me hubiera gustado quedarme toda la tarde y entrar en la trastienda, pero no me atrevo a invadir más la intimidad de Juanito.
Al día siguiente regreso para comprarle un poco de hule; más para agradecer su amabilidad que por otra cosa. No hace referencia a las fotos; ignoro si por prudencia o por que su vista le juega malas pasadas y no es capaz de identificarme. Desenrolla el hule, toma la vara, mide y lo corta con las tijeras con profesionalidad. Luego, usa un trozo de papel para hacer la cuenta.  
Salgo con la esperanza de volver a encontrarme la tienda abierta en mi próxima visita al pueblo. El día que bajemos al Paseo y nos encontremos con su puerta cerrada, la echaremos realmente de menos. No en vano lleva en el mismo lugar desde 1837.
Les ruego que, si pasan por Villalpando, acudan a la tienda de Juanito y le compren (aunque sea) un poco de pimentón.

domingo, 7 de agosto de 2011

Santa María la Antigua

Bueno, pues todo llega. Hay quienes prefieren la playa, la montaña, visitar monumentos, recorrer países... y hay quienes deciden pasar el grueso de sus vacaciones en un pueblo. Ya ven, hay "gente pa to".
Ese tipo de turismo masificado se lo dejo a quien le guste el jolgorio, no le importe esperar una hora para comer en un chiringuito o hacer fotografías a una atestada Fontana di Trevi. Y no es que no me guste hacer fotos a la Fontana de Trevi, pero busco hacerlo cuando está desierta, en otra época del año y con otro clima. ¿Que no es posible? Mañana lo demuestro. 
El caso es que ya estoy en Villalpando. Y nada más llegar me encontré con que había actuación en la iglesia de Santa María. A pesar de que se derrumbara en 1933, aún mantiene intacto su imponente triple ábside mudéjar de principios del siglo XII. Así que allí que me fui.  
Unas luces hábilmente colocadas sirvieron para que la vieja iglesia rememorara celebraciones de antaño; eso sí: un pelín más laicas. Me imagino la reacción de nuestros ancestros si hubiesen visto bailar la danza del vientre o un tango arrabalero sobre el altar de su querido templo. Pero bueno, esos son pensamientos de quien a veces le traiciona el lado historiado de su subconsciente.

jueves, 30 de junio de 2011

Villalpando (y VII)

El pueblo de mis mayores.

Villalpando (VI)

Un pueblo en el que regresar al pasado.

Villalpando (V)

Un pueblo de noches mágicas.

Villalpando (IV)

Un pueblo de mil y un rincones.

Villalpando (III)

Un pueblo donde las leyendas huelen a cedro oriental.

Villalpando (II)

Un pueblo forjado por la historia.

Villalpando (I)

Un pueblo de atardeceres imposibles.

martes, 4 de enero de 2011

La tienda de Juanito

El pasado 21 de diciembre, mi tío Agapito Modroño escribió en su bitácora una excelente semblanza de la tienda de Juanito en Villalpando, uno de esos sitios en los que uno regresa al pasado de tal manera que si hay que describir un comercio de los años 40 del siglo XX, no es necesario haber vivido aquella época ni imaginárselo. Basta con entrar en la tienda de Juanito. Por alusiones, me permito publicar esta foto que le tomé hará cinco o seis años.
Para saber todo lo que vende, me remito al artículo de mi tío quien maneja como nadie el lenguaje terracampiño. Por cierto, sería una pena que no centrara sus energías en la elaboración de una novela costumbrista ambientada en un imaginario pueblo de Castilla, con sus odios, sus amores, rencores y venganzas... aunque sólo fuese por el empleo de un lenguaje que está a punto de desaparecer. Sería preciosa.

lunes, 6 de diciembre de 2010

El calendario de Villalpando

Que tu padre sea el alcalde del pueblo no es que tenga muchas ventajas; sobre todo, si el susodicho es una persona íntegra, como es el caso. Así que si uno se compra un terreno con una casa vieja para derribarla con idea de construirse un hogar para la jubilación, al tener el alcalde en casa, le toca encargar (y pagar) el proyecto correspondiente y no se tira una piedra hasta que no esté todo en regla. Hay que dar ejemplo, dice el tío... y vive Dios que a mí me ha tocado darlo.
No contento con eso, año tras año, al final del verano llega el temido momento en que te suelta: Hay que ir pensando en el calendario. Supongo que la frase está clara y no hace falta traducirla pero, por si acaso, me permito hacerlo.
Bien podría decir: tú que eres fotógrafo y no tienes otra cosa mejor que hacer, vete pensando en la foto del calendario que edita el ayuntamiento. Ya sabes, algo original, que la Puerta Villa está muy vista. Por supuesto, sin cobrar un euro. Que no se diga que el hijo del alcalde cobra por esto.
Y efectivamente, uno no sólo no cobra por esto sino que esto le cuesta la imaginación, el tiempo y el dinero por esa manía que tiene de seguir usando carretes.
En fin, inconvenientes de ser el hijo de un alcalde honrado.
Espero que, al menos, guste el calendario y, por si acaso, hago un llamamiento a todos los villalpandinos por si se les ocurre sugerirme algo para el del año que viene.
P.D. En honor a la verdad, me siento más que pagado con la sonrisa de mis padres y con la más que cariñosa respuesta de sus paisanos a las presentaciones de mis novelas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Atardecer en Tierra de Campos

Hoy he salido a pasear en bicicleta por los alrededores de Villalpando y me he traído estas fotos en el bolsillo.
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En medio de una extensa llanura, ni siquiera los pájaros han osado perturbar el más profundo de los silencios que uno puede percibir al aire libre.
Dicen que hay que conocer París, Nueva York, Sevilla... pero yo no cambio ningún paisaje urbano por un atardecer en Tierra de Campos.

martes, 3 de agosto de 2010

Agosto en Villalpando

Ya está aquí agosto y, como todos los años, lo pasaré en su mayor parte en Villalpando, aunque me haré alguna escapadita a Bilbao.
Poca gente habrá a la que le guste menos que a mí la playa en verano. Yo prefiero la tranquilidad del pueblo para pasear, jugar al mus o escribir. Y a eso pienso dedicarme. Así que me he propuesto no conectarme a internet a partir de la semana que viene; lo cuál significa que me despido de ustedes hasta septiembre.
Recordarán que cuando comenzó el último invierno les dejé una foto de una barca en la playa de Tarifa, por lo que, en justicia, les dejo ahora una de la Puerta Villa nevada.
Feliz verano y hasta la vuelta.

miércoles, 28 de julio de 2010

Sevilla, 42º

Se aproximan las vacaciones y a los que nos gusta comer se nos plantea el dilema de todos los años: este año como menos o, si no, para compensar, hago ejercicio. Es la única manera para no regresar con 5 kilos de más,que luego cuesta meses perder.
A mis 45 (treinta y quince dicen que aparento), por fin me he convencido de que en agosto no puedo pasar sin los cocidos de mi madre, sin las tapas de Villalpando o los pintxos de Bilbao, sin los huevos fritos de las gallinas de mi padre para desayunar acompañados de una buena chapata, sin las barbacoas con mis amigos de la peña Los Ilegales o sin cualquier tortilla de patata que se me ponga a tiro. Por no hablar de mi adicción a la Coca Cola.
Así que a grandes males, grandes remedios y en Sevilla, 28 de julio de 2010 (hoy) a las 20:30 horas, éste que les escribe ha cogido (que me perdonen mis amigos argentinos) la bici y se ha ido a recorrer la ciudad a 42º de temperatura. Me ha sorprendido comprobar que no era el único chiflado. Incluso los había que iban corriendo.
En una hora he recorrido los Jardines de Murillo, el Parque de María Luisa, el paseo del Guadalquivir hasta Isla Magica y he vuelto por las murallas de la Macarena y el matador repecho de la estación del Ave. No ha sido tan grave. A esas alturas el termómetro ya sólo marcaba 39º.
Si acaso ya les cuento otro día las agujetas de mañana y si el punto éste raro de hacer ejercicio se me repite. Espero que sí, aunque con ello se me plantee otro dilema: tiempo que le dedique al ejercicio, tiempo que le resto a escribir... y tengo entre manos un cuento y una novela.
En fin, todo sea por los huevos fritos para desayunar.