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miércoles, 22 de julio de 2009

Cucaña y otras tradiciones

Hoy comienza la velá de Santa Ana en Triana. La mayoría de ustedes ya saben que no me va mucho el gentío y el jolgorio (y menos si huele a sardinas), pero he de reconocer que siento un gran respeto por las tradiciones. Decir lo contrario sería ir contra mis principios, dado que me ha dado por escribir novelas ambientadas en épocas pretéritas.
Ya en 1682, don Fernando de Zúñiga le dijo al obispo de Zamora: Todo hombre tiene que saber de dónde viene para conocer a dónde va.

Hay manifestaciones festivas que se vienen celebrando desde siglos y considero que así tiene que seguir siendo. Y a mí, egoístamente, el mercado medieval de Ribadavia, los encierros en Villalpando, las traineras en Euskadi o la cucaña en Sevilla me sirven para recrearme y ambientarme otras épocas en la soledad de la noche. Hay pueblos en Zamora, Salamanca u Orense cercanos a Portugal donde los años han pasado más despacio y su vida diaria aún está marcada por las supersticiones o el temor a Dios. Con un poco de imaginación visitarlos es viajar en el tiempo. Este ha sido alguno de los trucos que he usado para moverme por el siglo XVII.

Por eso, me gustan las tradiciones. Algunas se han perdido en algunos lugares, pero se mantienen en otros. Como la cucaña en Sevilla durante las fiestas de Santa Ana en Triana. Las fotos en el Guadalquivir las he hecho yo, pero documentándome para mi próxima novela, me encuentro una estampa –la de abajo- muy parecida en un lugar lejano, lejano en el tiempo y en el espacio. Y descubro con sorpresa que, antaño, había cucaña en mi querida ría.
El respeto a las tradiciones es respeto a las raíces, es evocación, es remembranza… es, en definitiva, no olvidar de dónde venimos.