
En realidad se trata de una réplica, dicen que exacta, de un galeón del siglo XVII.

Visitarlo ha sido una buena manera de ver un barco de la época y verlo nuevo, como recién salido de las atarazanas. Anclado en el Guadalquivir no resultaba muy difícil transportarse a la época de mi querido Fernando de Zúñiga.

Hasta me ha parecido verlo, buscando aventuras más allá de nuestros mares. Posiblemente, lo embarque pronto rumbo a Venecia.

Por cierto, este galeón ya ha partido rumbo a Shangai (aunque hará escalas en Cádiz y Málaga) donde será el emblema de Andalucía en la Exposición Universal de este año.