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lunes, 17 de octubre de 2011

La ciudad nocturna más bella

Ya tenía ganas de sacar mi trípode por Salamanca. Este fin de semana, hice un recorrido de dos horas por su impresionante zona monumental y obtuve unas cuantas fotografías como las que les muestro hoy.
Por muchas veces que la visite, nunca dejará de maravillarme Salamanca. Y no sólo se trata de que le tenga un cariño especial por los cinco años de universidad. Es que realmente, la capital charra tiene un encanto casi mágico.
Tan especial es para mí que en ella he situado al protagonista de mis dos novelas publicadas y confío en que haya otras muchas con don Fernando de Zúñiga recorriendo sus calles desfaciendo entuertos.
No sé si será la ciudad más bonita de España cuando es de día pero, desde luego, lo es cuando cae la noche. Y estoy seguro de que don Fernando de Zúñiga se batiría en duelo con quien afirmase lo contrario... y yo, igual hasta también.

domingo, 31 de julio de 2011

Allende los mares

A pesar de haberle pretendido "aparcar" durante dos años, don Fernando de Zúñiga se ha negado en este tiempo a permanecer dormido. Y ahora que me encuentro dispuesto a embarcarme junto a él en una nueva trama, me doy cuenta de que cada vez me necesita menos. Incluso sé que sus novelas han cruzado el charco.
El año pasado, un amigo me comentó que las había visto en una librería de Quito y me consta que también algunos ejemplares han encontrado acomodo en unas cuantas estanterías argentinas, colombianas, chilenas o peruanas; y hasta he comprobado que forma parte de los fondos de la biblioteca de la Universidad de Ohio. Es lo que tiene la globalización y que el formato electrónico esté a la venta en librerías de todo el mundo como Barnes & Noble, la mayor cadena de Estados Unidos.
Hoy mismo me acabo de topar con una recomedación realizada por el club de lectura de la Universidad Panamericana de México, que me permito transcribir:
Muerte Dulce. Un Nuevo Caso De Fernando Zúñiga Algaida, Sevilla, 2009                      
Literatura, Novela histórica  
Don Fernando de Zúñiga recibe una carta de un amigo anunciándole su inminente fallecimiento, porque le han envenenado, y pidiéndole venganza. Decide viajar a tierras vascas para investigar el asesinato y allí descubre que, en efecto, le envenenaron el vino. Además, el punto de partida de la investigación se va a centrar en una fatídica partida de mus. Se trata de la segunda entrega protagonizada por Don Fernando de Zúñiga, un reputado médico que ocasionalmente investiga extraños sucesos que sus conocimientos, unidos al sentido común y a la intuición, le permiten desvelar. El autor ha creado un personaje muy sólido, lleno de matices, cuyas aventuras están ampliamente documentadas desde el punto de vista histórico, gastronómico, indumentaria y lingüístico, y que encandila a los lectores desde el mismo instante en que aparece en escena. Un hombre con principios, humanamente excepcional, dotado de gran inteligencia e inquietud por la verdad y de espíritu religioso, donde también se da cabida a la duda. La historia va creciendo en intensidad y ritmo a medida que avanza la lectura, logrando un alto nivel de entretenimiento. Se alternan amores, envenenamientos, venganzas, juegos, tradiciones, leyendas, todo ello aderezado con buena letra. Una pieza importante de la trama es el vino de las tierras del Duero, y otra, un juego que acaba de nacer en las tabernas vascas: el mus. El autor se permite novelar sobre el origen de este juego de honor, donde no siempre gana el que tiene mejores cartas.
Desde aquí, quiero agradecer su consideración a mis amigos mexicanos quienes han sabido ver en mi personaje lo que yo trataba de transmitir. Y, por supuesto, enviarles un cariñoso saludo.
Lo dicho, que don Fernando se vale por sí mismo. No obstante, hechos como éste me animan a emprender una nueva aventura junto a él.

P.D. La foto es del cantón bilbaíno en el que se encontraba la taberna de El muslari tuerto.

jueves, 3 de marzo de 2011

Una historia en Venecia

En estos días de Carnaval, es inevitable que mi recuerdo viaje hasta tierras venecianas. "Casualmente", aproveché el último fin de semana para ventilarme las ochocientas páginas de la Historia de Venecia, escrita por John Julius Norwich. Y es que quizás don Fernando de Zúñiga tenga que acudir hasta allí a requerimiento de doña Mariana, la reina madre, para cumplir una misión diplomática, aunque la idea está aún un poco verde.
De momento, les dejo alguna de las fotos que tomamos en aquel viaje.





jueves, 13 de mayo de 2010

La sangre en bolsillo

Esta semana ha salido a la luz la edición de bolsillo de La sangre de los crucificados en Algaida Eco. Para mí, constituye un verdadero orgullo que tras dos años y medio de su publicación constituya un libro de fondo de muchas librerías. Así que, desde aquí, quiero lanzar un brindis: ¡Larga vida para don Fernando de Zúñiga!

martes, 23 de marzo de 2010

Galeón Andalucía

En realidad se trata de una réplica, dicen que exacta, de un galeón del siglo XVII.


Visitarlo ha sido una buena manera de ver un barco de la época y verlo nuevo, como recién salido de las atarazanas. Anclado en el Guadalquivir no resultaba muy difícil transportarse a la época de mi querido Fernando de Zúñiga.

Hasta me ha parecido verlo, buscando aventuras más allá de nuestros mares. Posiblemente, lo embarque pronto rumbo a Venecia.

Por cierto, este galeón ya ha partido rumbo a Shangai (aunque hará escalas en Cádiz y Málaga) donde será el emblema de Andalucía en la Exposición Universal de este año.

martes, 22 de septiembre de 2009

Carta de don Fernando de Zúñiga

En los últimos tiempos se ha realizado un importante descubrimiento con respecto a mi persona. Un descubrimiento que está generando una controversia tanto en España como en los terrenos ocupados por los colonos ingleses al este de los Apalaches. Y todo tiene que ver con un cuadro pintado por don Diego de Velázquez.
He podido leer en diversas gacetas que existen discrepancias sobre la identidad del hombre retratado por el insigne maestro. Incluso se ha conjeturado con las fechas de su creación y con que pudiera tratarse de un autorretrato.
He de decir que, si bien, es posible que don Diego y yo tengamos algún tipo de parecido en nuestros rasgos, este cuadro fue realizado en 1659 y el hombre retratado no es otro que este humilde servidor. Por aquel entonces, mi amada Pilar Maldonado y yo, después de visitar la Pieza Ochavada y el Salón de los Espejos del Alcázar Real, nos acercamos a la Galería del Cierzo donde el pintor de Su Majestad trabajaba ante dos caballetes. Uno de ellos sostenía un retrato casi terminado del infante Felipe Próspero junto a una falderilla; en el otro, se adivinaba un bosquejo de la infanta Margarita. Velázquez estaba de buen humor. El papa Alejandro VII acababa de concederle la dispensa de nobleza y el rey le había prometido el título de hidalguía por lo que, en breve, sería ordenado Caballero de la Orden de Santiago.
Como cualquiera que hubiese conocido a Pilar, se quedó prendado de sus ojos verdes. Y nos pintó a los dos. Éste es mi retrato. Así que vuestras mercedes tienen ante sí la imagen de don Fernando de Zúñiga. Por aquel entonces yo era feliz. Luego vendrían la muerte de Pilar, las golillas negras, las lentes, las canas… pero esa es otra historia que quien haya leído las novelas de Modroño ya conoce. Por cierto, espero que algún día narre mis peripecias en New Yok.