Mostrando entradas con la etiqueta Venice. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Venice. Mostrar todas las entradas

jueves, 3 de marzo de 2011

Una historia en Venecia

En estos días de Carnaval, es inevitable que mi recuerdo viaje hasta tierras venecianas. "Casualmente", aproveché el último fin de semana para ventilarme las ochocientas páginas de la Historia de Venecia, escrita por John Julius Norwich. Y es que quizás don Fernando de Zúñiga tenga que acudir hasta allí a requerimiento de doña Mariana, la reina madre, para cumplir una misión diplomática, aunque la idea está aún un poco verde.
De momento, les dejo alguna de las fotos que tomamos en aquel viaje.





domingo, 7 de febrero de 2010

Imágenes y palabras

Aprovechando que empiezan los Carnavales de Venecia, iba a dejar estas fotos sin más comentarios, porque inicialmente pensé que en este caso (como en algún otro), una imagen valía más que cualquier palabra que la acompañara.
Sin embargo, vive dentro de mí esa bipolaridad, esa contradicción entre escritor y fotógrafo. Por eso, no he podido quedarme simplemente con la bella combinación de colores y formas, y se me ha ocurrido imaginar en lo que escondían esas máscaras, lo que ha dado origen a este micro relato:

Como cada mes de febrero, Marie pululaba por los aledaños de la Plaza de San Marcos. Esa tarde el sol acariciaba las columnas del Palacio Ducal, reverberando sus tonos rosáceos sobre la laguna. La mujer eligió el lugar perfecto para posar. Decenas de turistas, enarbolando sus cámaras, se arremolinaron en torno a ella como posesos, en busca de un trofeo de guerra. En pocos minutos, fue objeto de cientos de fotos. Era su momento de gloria. Su vida anodina quedaba arrinconada en estos días en los que se sentía como una estrella de cine. Marie sonreía triste tras su máscara, al tiempo que unas lágrimas clandestinas resbalaban sobre su rostro desfigurado tras el accidente de tráfico en el que perdió a su hijo.






miércoles, 18 de febrero de 2009

Un carnaval silencioso

La palabra Carnaval parece que tiene que ir unida a bullicio o jolgorio. Y si no que se lo digan a los gaditanos, a los canarios o a los brasileños. Ellos celebran el Carnaval con gran estruendo. A mí, como no me gusta el ruido, no me entusiasman los carnavales.
En teoría, un fotógrafo debería de disfrutar con una cámara en ristre, disparando a diestro y siniestro entre una marabunta de piratas, payasos, trogloditas o extraterrestres entonando popurrís al ritmo de un pito de carnaval. Pero, que quieren que les diga, teniendo Cádiz a tiro de piedra y buenos amigos gaditanos, aún no me he visto con fuerzas de abordar tal tarea.
En febrero del año pasado, Pilar me preparó un viaje sorpresa a Venecia. Y sorpresa fue la que me llevé yo al descubrir unos carnavales silenciosos. No es que me encantasen, pero al menos se podían oír a las gaviotas mientras los cientos (o miles) de turistas acribillaban a disparos fotográficos a unos cuantas personas disfrazadas en el muelle junto a la Piazza San Marco.
Sin darme cuenta, ya he descrito el Carnaval de Venecia. Pues eso, decenas de hombres y mujeres, espectacularmente ataviados, portando bellísimas máscaras. Posaban en los lugares más bonitos y estudiados (se movían dependiendo del sol para facilitar la calidad de las imágenes) con el único propósito de obtener el mayor número de fotos de las legiones de turistas que les perseguían como posesos, tratando de captar una instantánea en la que no se colara otro turista. Tom Cruise lo tuvo más fácil en Misión Imposible.
Quizás se pregunten si fui uno más de esos posesos. Sí y no. He de reconocer que el primer día caí en la tentación del colorido de las máscaras y gasté algunos carretes en colorines (que el dios del blanco y negro me perdone). Pero una vez visto el percal, el día siguiente fue más divertido.
Ocurrió que nos agenciamos unas capas negras y nos compramos el kit de maschera nobile: careta blanca, pañuelo de seda y sombrero de tres picos. Al fin y al cabo, se trata del disfraz más genuino de Venecia, ya que los vestidos pomposos vinieron después. Ataviados de tal guisa, nos paseamos por puentes, plazas y canales, posando para turistas y respondiendo al agradecimiento que nos mostraban, realizando una sutil reverencia con la cabeza. Jamás pensé que llegaría a confesar que bajo la máscara del tipo de la imagen de abajo, se encuentra un servidor haciendo las delicias de un puñado de turistas... y de Pilar que se partía de la risa mientras fotografiaba la estampa.
Y ellos tan contentos. Habían conseguido una magnífica foto de todo un veneciano auténtico. Tan auténtico como un finlandés vestido de corto en la Feria de Abril de Sevilla.