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martes, 4 de septiembre de 2012

Amazon

En este mes de septiembre se han publicado en versión Kindle La sangre de los crucificados y Muerte dulce, las cuales se pueden comprar por 4,49 euros cada una. 
También ha desembarcado en este mismo formato La ciudad de los ojos grises. Su precio actual es de 3,79 euros en Amazon España, Además, está disponible en Amazon USA, Amazon Alemania, Amazon Francia, Amazon Reino Unido o Amazon Japón.

martes, 16 de agosto de 2011

Novela histórica, género en alza

El tener que intervenir en el reportaje que acaba de emitir Tesis en Canal Sur titulado Novela histórica, género en alza (pueden verlo en este enlace) me ha obligado a entrar en algunas reflexiones. Por cierto, me ha resultado muy gratificante compartir minutos televisivos con José Calvo Poyato, ya que he leído varias de sus obras como historiador para documentarme.
Ciertamente, me cuesta creer que aún haya alguien que denoste una novela por el mero de hecho de que se desarrolle en una época distinta a la actual. A mí, con sinceridad, nadie me lo ha dicho a la cara.
Y si lo hay, supongo que es el mismo que venera una obra sólo porque la haya escrito un autor de los llamados “de culto”, sin analizar que su prosa sea rancia o que para poder acabarla haya que saltarse párrafos que aburren a las ovejas. Uno de esos autores que se creen que los escritores de novela histórica contratan a negros de poca monta para que les averigüe un dato que, según ellos, no interesan a nadie.
Ya he dicho alguna vez que ni yo, ni la mayoría de escritores etiquetados como de novela negra o de novela histórica, decidimos que vamos a escribir una novela de un género o de otro. Simplemente nos viene una historia y sucede que su trama te obliga a situarla en una época determinada o a resolver un asesinato. Si la creación de la imagen de El Cachorro es la que me inspiró La sangre de los crucificados, no tuve más remedio que viajar hasta 1682 para escribirla.
Antes que escritor, soy lector. De los que siempre han elegido lo que leer. De los que no se han dejado llevar por corrientes ni por opiniones “culturetas” (quizás algún día profundice sobre esta especie). De los que se han enfrentado a un libro con el ánimo esperanzado de una buena lectura. Es cierto que, una vez que damos el salto y dejamos de ser lectores para convertirnos también en escritores, perdemos la inocencia como lectores. Sin embargo, cuando abordo la primera página de una novela lo hago con ilusión renovada y deseo que su lectura me satisfaga. Máxime si la ha escrito un amigo.
Y me resisto a creer que haya autores que no relatarían una buena historia que se desarrollara en el siglo XIX sólo porque peligraría su candidatura al Premio Nobel. Si fuera así, ellos se lo pierden.

domingo, 24 de julio de 2011

Leer y viajar

A raíz de una pequeña intervención en un reportaje televisivo sobre cómo se documentan los escritores de novela histórica, he regresado al siglo XVII. 
Después de dos años imbuido en la Belle Époque, he retornado a algunos lugares donde ambienté La sangre de los crucificados y he vuelto a tomar en mis manos algunos de los libros que usé en mi primera novela, como Judíos o cristianos de Victoria González de Caldas o El auto general de fe de 1680 de Jesús M. Vegazo Palacios, dos magníficos trabajos sobre la Inquisición. 
Parece mentira que ya hayan transcurrido cinco años desde que la gesté, desde que me zampé todos los libros que era capaz de conseguir relacionados con el siglo XVII, desde que recorrí los escenarios por los que antes transitaron don Fernando de Zúñiga y su fiel Pelayo, allá por 1682. 
Han reaparecido en mi memoria la iglesia de San Claudio de Olivares en Zamora, el monasterio de Las Batuecas en Salamanca o la plaza Mayor de Madrid, junto a personajes históricos que me acompañaron a lo largo de la trama (el rey Carlos II, don Diego de Velázquez, doña Mariana de Austria, Pedro Roldán, Ruiz Gijón, Valdés Leal...).
La novela habrá podido gustar más o menos, pero lo que nadie puede dudar es que me dejé la piel en ella y trabajé la ambientación histórica hasta rozar la obsesión. Por eso, me reconforta comprobar cómo La sangre de los crucificados aún se mantiene en muchas librerías después de cuatro años de su publicación, habiéndose convertido en un long-seller.
Adivino cómo se documentan el resto de escritores de novela histórica. El método no puede ser otro: dejándose la vista entre decenas de libros y recorriendo cientos de kilómetros para ver una estatua en una iglesia. Es decir, leyendo, viajando… y desenjaulando la imaginación.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Manuel Carmona

Quizás, algunos recuerden que esta foto ya me sirvió en una entrada del mes de marzo. Entonces, simplemente decía: buscando alma en la madera. Hoy la quiero mostrar como retrato de Manuel Carmona, uno de los más ilustres imagineros contemporáneos, que amablemente me abrió la puerta de su taller de la calle Castellar para contarme detalles de su trabajo, cuando estaba documéntandome para La sangre de los crucificados.
Acabo de leer en el periódico que se encuentra ingresado en el hospital al haberse amputado dos dedos de la mano izquierda con una sierra (el pulgar, irrecuperable), pero Manuel dice que no ha perdido la ilusión y que piensa continuar trabajando, aunque adelanta que lo hará más despacio.
Desde aquí, le deseo una pronta recuperación, para que pueda seguir buscando el alma en la madera.

domingo, 24 de octubre de 2010

Casa Moreno

(Vaya por delante que echo de menos los bollos de mantequilla y, sobre todo, las palmeras de coco de mi tierra natal).
Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando arribé en Andalucía es que se desayunaba salado. Es decir, tomaban el café con tostadas de aceite, jamón, sobrasada, paté, etc. Uno que no es muy amigo del café y que solía desayunar leche con galletas o con bollos de mantequilla o con palmeras de coco (¡snif!), se tuvo que acostumbrar a las tostadas saladas y aún hoy no tengo una bebida fija con que tomarlas: zumo, té, leche fría, coca cola o café con leche y con hielo (lo reconozco, una pequeña guarrada).

El hecho es que, con los años, le he tomado el gusto al rollo éste de las tostadas. Y después de haber desayunado en más de un centenar de bares de toda Andalucía he de reconocer que las que más me gustan son las elaboradas con el pan de semillas del Hotel Bécquer y las de la inigualable Casa Moreno.

El encanto de Casa Moreno (ubicada en el número 7 de la calle Gamazo) reside en tres pilares entrelazados que hacen de esta vieja abacería o colmao un lugar que no hay que dejar de visitar en Sevilla. A saber: la calidad y variedad de sus tostadas (se puede tomar de todo); la calidez en el trato de Quisco, Carmela o Emilio y su pintoresca decoración.
Casa Moreno está atiborrada de fotos de toros, carteles de corridas y de todos los Cristos y Vírgenes de Sevilla (y miren que son unos cuantos) que acompañan al colorido de sus productos alimenticios. Como ejemplo, en el rótulo de la Junta informando de la existencia de la hoja de reclamaciones hay una estampita de la Macarena (a ver quién es el guapo que reclama algo).

Yo mismo he contribuido, regalándoles una de mis fotos de El Cachorro. Sólo ocupa un rinconcito, pero me siento orgulloso y cada vez que acudo a tomarme mi tostada de lomo a la pimienta con torta de la Serena, mi mirada busca fugazmente la imagen de ese Cristo que inspiró mi primera novela.

domingo, 3 de octubre de 2010

Los títulos de las novelas

Ignoro si al resto de mis colegas les ocurrirá lo mismo, pero yo tengo serias dificultades a la hora de elegir un título para mis novelas. Supongo que hay veces que el título nace antes que la propia novela y otras en que, a medida que la historia avanza, va surgiendo el título.
Quizás fuese porque mi primera experiencia resultó algo traumática en este sentido. Después de dos años teniendo claro desde el principio como se llamaría mi primera novela, cuando estaba a punto de publicarse lo hizo otra con un título parecido que además ganó un premio, con lo cuál la mía ya no se pudo llamar así. Encontrar un sustituto de emergencia no resultó fácil. Es como si, después de llamarle Pepe a tu hijo durante años tuvieras que cambiarle el nombre. Pongas el que le pongas, para ti siempre será Pepe. Y eso es lo que pasó con La sangre de los crucificados. Aún hoy, no me acabo de acostumbrar.
Distinto fue lo de Muerte dulce. La novela no podía tener otro nombre por el evidente juego de palabras que cualquier aficionado al mus reconocería enseguida.
Ahora ando cerca de terminar la tercera y de nuevo surgen las dudas porque ni tenía título al principio ni lo tengo aún ahora. Sin embargo, todavía no me he obsesionado con él (o eso creo). Bastante tengo con preocuparme en concluirla.
El hecho es que pretendo que la ciudad en la que se desarrolla tenga algún protagonismo en el título, pero sin mencionarla expresamente. Cuando llegue el momento, a lo mejor hasta les pido sugerencias. Esa ciudad es la que ustedes ven en la foto y llevo casi un año escribiendo sobre ella, lo que está provocando que la quiera más si cabe.

jueves, 13 de mayo de 2010

La sangre en bolsillo

Esta semana ha salido a la luz la edición de bolsillo de La sangre de los crucificados en Algaida Eco. Para mí, constituye un verdadero orgullo que tras dos años y medio de su publicación constituya un libro de fondo de muchas librerías. Así que, desde aquí, quiero lanzar un brindis: ¡Larga vida para don Fernando de Zúñiga!

lunes, 11 de enero de 2010

Parajes telúricos

Parajes agrestes, castigados por el mar y por los piratas. Hasta allí habían llegado soldados, corsarios y buscavidas atraídos por la singularidad de la isla, con la creencia de que albergaba ricos tesoros o suculentos manjares. (Muerte dulce)
Parajes agrestes...
Parajes agrestes... y bellos.
Me encuentro ahora mismo en uno de esos parajes agrestes sin ni siquiera salir de mi habitación.
Mi nueva novela va tomando forma y comienzo a ilusionarme con ella. Sin embargo, no quiero ni debo olvidarme de las dos anteriores.
Por eso, aunque don Fernando de Zúñiga se encuentre descansando, he querido recordarlas.
Quizás sea porque hoy he vuelto a ver las torres de las catedrales charras o porque he organizado mi próxima visita a Bizkaia. El hecho es que pase lo que pase, los lugares que amo quedarán para siempre inexorablemente unidos a mis novelas... y siempre me las recordarán.
Lugares como el de la fotografía, lugares telúricos que influyen en mi ánimo. Lugares como Bilbao, Salamanca, Portugalete, Villalpando... o como San Juan de Gaztelugatxe.