
Quizás, alguno de ustedes me haya oído decir (o leído escribir) eso de que, desde Sevilla, a veces echaba de menos los días lluviosos de mi tierra vizcaína.

Vale. Me hago cargo de que mis plegarias han sido escuchadas. ¿No querías lluvia? Pues hasta que te
jartes, mi arma. ¡Hala! La lluvia en Sevilla es una maravilla, ¿una maravilla? ¡Una m...! A ver, a quien corresponda: con lo monos que quedaban esos solecitos en el mapa del tiempo... ya está bien de cachondeo pluvioso.

Toda la vida de Dios, en Bilbao llovía y en Sevilla hacía sol. Pero ahora la climatología anda un poco caprichosa y, a este paso, lo mismo tenemos que cambiar la Giralda por el Guggenheim, pasear al Cachorro por las Siete Calles y poner las casetas de feria en El Arenal.

Y es que hubo un tiempo en que en esta ciudad no llovía. ¿No se lo creen? Vean las imágenes.