
Cuando éramos niños, jamás se nos hubiera ocurrido que a ningún turista le pudiera interesar Bilbao. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a uno sobre el puente del Arenal, fotografiando el teatro Arriaga. Mis amigos y yo nos quedamos observándole, atónitos, hasta que se fue.

Aquella imagen fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando mi amigo, el escritor David Torres, me comentó en la Feria del Libro de Sevilla que le había encantado Bilbao y que para él era la ciudad más bonita de España. Nunca lo había oído antes de nadie y reconozco que me tocó la fibra sensible.

Durante casi un siglo, los maravillosos edificios decimonónicos han estado ocultos tras la contaminación provocada por la vorágine industrial. Con la reconversión, los jardines fueron ganando terreno a las fábricas y la brisa consiguió apartar el humo.

Desde entonces, la gestión urbanística sobre Bilbao ha sido impecable y no sólo en el entorno de la ría. Quien no haya visitado Bilbao en los últimos veinte años, no reconocería la ciudad.

Tras conseguir el año pasado el máximo galardón mundial a nivel de ciudades por su proceso de transformación, este año se Bilbao es finalista –junto con Ciudad del Cabo y Dublín- para ser la Capital Mundial del Diseño en 2014. La ganadora la dará a conocer el International Council of Societies of Industrial Design (ICSID) en el mes de octubre.

Al margen de distinciones, ¿no es para estar orgullosos?

P.D. La magnífica foto que encabeza esta entrada es de mi amigo Javier T. Palacio.