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domingo, 26 de mayo de 2013

Feria de Bilbao 2013

El próximo jueves se inaugura en El Arenal la Feria del Libro de Bilbao 2013. Y, si nada se tuerce, allí estaré un año más, reencontrándome con mis lectores y apoyando a los libreros.
En la vieja foto que ilustra esta entrada se ve la explanada de la izquierda donde se instalarán las casetas repletas de libros.
Confieso que tras escribir La ciudad de los ojos grises me resulta muy complicado discernir la Bilbao de hace un siglo de la actual, de ahí que suela echar mano de fotos de la época para mostrárselas en mis blogs.
No en vano, mis personajes deambulaban por lugares como este que ven en la foto.
Regresando a 2013, les diré que el viernes 31 de mayo participo en un Encuentro de Novela Negra que se celebrará en el recinto de la feria, junto a Javier Abasolo, Jon Arretxe (esto se está convirtiendo en un clásico), Bernard Minier y Alexis Ravelo. Oficiará de maestro de ceremonias, el magnífico Félix Linares.
Las dos jornadas siguientes serán días de firma. El sábado a mediodía en la caseta de Topbooks, por la tarde en la de Etxean y el domingo, otra vez a mediodía, en la de Jakinbide.
Si quieren acercarse, están invitados.

jueves, 18 de abril de 2013

Tiempo de libros

A los que buceamos en la historia, nos resulta fácil mirar los edificios con otros ojos. El que ven en la imagen yo solo lo he visto en fotos porque fue derribado en 1957 para edificar en su lugar el nuevo Palacio de Justicia, situado frente a los Jardines de Albia en Bilbao.
Pero, además de verlo en fotos, lo he tenido presente en mi imaginación, ya que lo elegí como escenario para uno de los pasajes de mi última novela.
Es una lástima que de las Escuelas Berastegui, lo único que quede sea el nombre de la calle donde estuvieron. En ella, se celebra cada 23 de abril el Día del Libro, llenando la calle de casetas repletas de libros, donde autores y libreros charlamos con los visitantes y, si se tercia, nos tomamos un marianito en el vecino Café Iruña o en la calle Ledesma, lugar de referencia de mi cuadrilla.
Durante los últimos años, he procurado no faltar a mi cita bilbaína y allí estaré, espero, el próximo martes a mediodía. 
Antes, el sábado a la misma hora, me pasaré por la librería Negra y Criminal de Barcelona para tomar un vino (y con suerte, algún mejillón) con Paco Camarasa y mis colegas negrocriminales.
Así que si esos días andan por Barcelona o Bilbao, ya saben dónde encontrarme.
Y es que cuando llegan estas fechas, lo cierto es que a uno le gustaría estar en varios sitios a la vez.

viernes, 18 de enero de 2013

La sombra del Guggenheim es alargada

Vuelve BCNegra y este año participaré en una mesa junto con mis amigos Javier Abasolo y Jon Arretxe charlando sobre Bilbao como escenario de novela negra. Será en en el incomparable marco de La Capella (Carrer de l'Hospital 56) el miércoles 6 de febrero a las 4 de la tarde. Modera la escritora Rosa Ribas.
Siempre es un placer volver a Barcelona, un magnífico lugar de encuentros y reencuentros.

martes, 8 de enero de 2013

Iñaki Azkuna

Me complace que don Iñaki Azkuna haya obtenido el premio al mejor alcalde del mundo en 2012, concedido con carácter bianual por la fundación británica City Majors.
Lo cierto es que es uno de los principales artífices de la transformación de la ciudad de los ojos grises, haciendo gala además de una impecable gestión económica. Pero lo que a mí más me gusta del señor Azkuna es su apoyo incondicional al mundo de la cultura.
Así que mi más sincera felicitación, señor alcalde. 

sábado, 24 de noviembre de 2012

La tragedia del Circo del Ensanche

Las avalanchas sin sentido en lugares públicos en los que no existen las suficientes medidas de seguridad no son nuevas.
Hoy se cumplen exactamente cien años de una de las tragedias más dolorosas para los bilbaínos. Aquella tarde lluviosa del domingo 24 de noviembre de 1912, mientras el cinematógrafo proyectaba una película de ladrones en un teatro de madera cerca de la plaza Elíptica de Bilbao, alguien gritó "¡Fuego!", causando la confusión entre el público que abarrotaba el local. El miedo ciega y los aterrorizados espectadores no fueron capaces de dar de inmediato con las salidas, algunas de las cuales estaban cerradas, lo que originó la aglomeración, aplastamiento y asfixia de los primeros que llegaron cerca de las puertas.
Murieron 44 niños y dos adultos. Dicen las crónicas que el recorrido del cortejo fúnebre desde La Casilla hasta la estación de ferrocarril para tomar "el tren de los muertos" que conducía al cementerio de Derio ha sido uno de los eventos más sobrecogedores de Bilbao. No cuesta imaginarse a más de cuarenta mil personas en silencio, entre los desgarradores gritos de las madres de los fallecidos, al paso de 2 ataúdes negros y 44 ataúdes blancos.
Esta desgracia tuvo lugar en los años en los que se desarrolla La ciudad de los ojos grises. Sin embargo, no encontró un hueco en la trama. Hoy, cien años después, he querido tener un recuerdo para todas aquellas víctimas de una tragedia que, al igual que otras muchas, pudo evitarse.

viernes, 26 de octubre de 2012

Retrato del Guggenheim

Quien pasea por este espacio, aunque sea de vez en cuando, sabe de mi predilección por los retratos en blanco y negro. Hoy no me resisto a compartir con ustedes este retrato del nuevo símbolo de Bilbao, abanderado de la espectacular transformación de la ciudad. 
Y es que no solo las personas pueden ser retratadas.

jueves, 18 de octubre de 2012

domingo, 7 de octubre de 2012

La araña del Guggenheim

 "Mamá", la escultura de diez metros de altura de la artista Louise Bourgeois, ya forma parte del moderno paisaje de Bilbao.

jueves, 26 de julio de 2012

Las novelas más vendidas

Elkar es una cadena con 18 librerías repartidas por Euskadi, Baiona y Navarra que suele publicar semanalmente la lista de las novelas que más vende. Aquí les dejo la lista de ficción de la semana del 17 de julio. Sé que muchos libreros de Elkar están recomendando mi novela. Así que solo puedo decirles una cosa: eskerrik asko, bihotz bihotzez.
LOS MÁS VENDIDOS EN CASTELLANO – FICCIÓN
  1. CINCUENTA SOMBRAS DE GREY  – E.L. James – Grijalbo
  2. EL ABUELO QUE SALTO POR LA VENTANA Y SE LARGO – Jonas Jonasson – Salamandra
  3. CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS – E.L.James - Grijalbo
  4. LA COLECCIONISTA DE SENSACIONES – Blanca Holanda – Bohodon Ediciones
  5. CINCUENTA SOMBRAS LIBERADAS – LIBERADAS - E.L. James – Grijalbo
  6. LA CONJURA DE CORTES – Matilde Asensi – Planeta
  7. LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES – Felix G. Modroño – Algaida
  8. LA SOMBRA DE LA SIRENA – Camilla Lackberg – Maeva
  9. ENREDO DE LA BOLSA Y LA VIDA – Eduardo Mendoza – Seix Barral
  10. EN EL PAIS DE LA NUBE BLANCA – Sarah Lark – Ediciones B

martes, 24 de abril de 2012

La tacita gris

Transcribo el artículo publicado en El Correo del lunes 23 de abril por Jon Uriarte en su magnífica sección Bilbaínos con diptongo:

Bilbao fue "La tacita de plata". Como lo leen. Con permiso de Cádiz, la capital de Bizkaia también lució ese sobrenombre. Lo desconocía. Pero una novela me lo ha descubierto. "La ciudad de los ojos grises". En ella podemos recorrer el Bilbao de finales del XIX y comienzos del XX y ser testigos de la revolución industrial, la llegada de la España inmigrante, el nacimiento del socialismo y el nacionalismo, la creación de sociedades como el Athletic o el Sitio, la expansión hacia el Ensanche y las riberas de la ría y el descubrimeinto de que también tuvimos una Belle Époque. De eso trata la nueva obra de Félix G. Modroño. Su protagonista es Bilbao. Le acompañan un paisano que regresa de París, una misteriosa mujer, un extraño crimen y un puñado de secretos. Pero hay más. En ella descubrirán rincones olvidados de nuestra tierra. El Tilo del Arenal, el Café Boulevard, el restaurante Amparo, la Misericordia, San Nicolás, el Arriaga tras el incendio, el cementerio de los ingleses... Están todos. Incluso un incipiente Puente Colgante que crece mientras contempla, sobre la ría, el cambio de siglo. También hay mucho de intrahistoria y de carácter. La escena en la que los dos hermanos se saludan con sobriedad, tras largo tiempo sin verse, es todo un retrato costumbrista. Como nuestro intransferible concepto de cuadrilla o la singular liturgia en el beber y el comer. De alguna manera, supone repasar un capítulo del gran álbum de Bilbao. Y no es uno cualquiera.
Félix tiene su campo base en Sevilla, pero su cordada sigue puesta en Bilbao. Clásico emigrante bilbaíno. Nunca te vas del todo. La semana pasada presentó su novela, con Iñaki Azkuna como maestro de ceremonias, en la Sociedad Bilbaína. Días antes lo había hecho en Madrid ante una concurrencia que ocupó los asientos de la Euskal Etxea. Algunos, madrileños. Pero la mayoría eran gentes que viven y trabajan en el viejo foro convencidos de que están de paso, aunque sea para siempre. En esta ocasión, fue un servidor quien colaboró en la presentación. Y pude comprobar cómo los presentes afinaban el oído ante el descubrimiento de que nuestra villa tuvo tal denominación. Pero es cierta. Bien lo sabe el alcalde de Bilbao. En su discurso del bicentenario de Juan Crisóstomo Arriaga arrancó diciendo: "Fue bilbaíno del Bilbao de entonces, de la tacita de plata como le llamaban los castizos". El origen del mote se me escapa. Quizás responda a, como apunta Félix, la forma de los mapas del siglo XIX. Y puede que explique muchas cosas. Les contaré algo. Siendo niño y mal comedor -quién me ha visto y quién me ve-, me animaban a beber la taza de leche hasta un punto. Allá donde aparecía dibujado un pato. Así, tras los "no puedo, un poquito más, estoy lleno, venga que luego hay premio...", acababa descubriendo el ánade entre gritos de alegría. Ahora sucede algo similar cuando llego a Bilbao, taza gris de mis rincones, sabores y gentes. Solo que, en este caso, quiero bebérmela entera. Y no soy el único. En Madrid vi muchos ojos grises. Los mismos que luce el cielo del Botxo cuando te mira. También se tornan grisáceos los ojos de quien nos descubre. De hecho, en aquella sala escuché promesas de visita, piropos encendidos y preguntas limpias de polvo y sospecha. Tenían interés por conocernos, más allá del Guggenheim. Solo por eso merece aplauso. Siento un profundo respeto por todo paisano o paisana que tiene un par, amén de un aseado verbo, para enmarcar sus relatos en nuestra tierra.
Hoy es el día internacional del libro. Si tienen ocasión, pásense por los puestos de la calle Berastegui y encontrarán joyas literarias. Pero, si quieren algo más, háganse con uno de esos libros que eligieron Bilbao para depositar su tinta. Hay un buen puñado de títulos. Y merecen la pena. En esas páginas estamos todos. Solo tienen que buscar las suyas. Si un niño encontró su pato en una taza de leche, usted puede encontrar su libro en una tacita de plata. En Bilbao, la ciudad de los ojos grises.



domingo, 1 de abril de 2012

Un tilo de novela

Tal día como hoy, hace 64 años, un vendaval derribó un árbol centenario muy querido por los bilbaínos: el tilo del Arenal.
Según dicen, el tilo ejercía una fuerza telúrica entre los habitantes de la ciudad. Antonio Trueba, Zuloaga, Ortega y Gasset o Ramiro de Maeztu recibieron su influencia.
Quizás este árbol desprendiera un halo poético que contagiaba a quienes se sentaban bajo su ramaje. Cuentan que el tilo hablaba directamente al corazón de sus visitantes. No es de extrañar, por tanto, que fuera el mismo tilo el que le dictara a Unamuno los versos que le escribió a su esposa Concha Lizárraga, allá por 1910:

¿Te acuerdas? Fue en mañana del otoño
dulce de nuestra tierra, tan tranquilo,
en que esparce sus hojas aquel tilo
que sabes; eras tú verde retoño
con las trenzas no presas aun en moño
cuando pasando junto a mí yo el filo
no resistí de tu mirar y asilo
corrí á buscar al corazón bisoño
en el cercano templo. De tus labios
fluía gota a gota una sonrisa
muda y clara, cual de alma sin resabios
de amor pero que está al amor sumisa;
desde entonces tus ojos astrolabios
son de mi viaje que en cielo frisa

Ahora ya conocen a otro de los personajes de La ciudad de los ojos grises.

sábado, 17 de marzo de 2012

Una historia del Athletic

Últimamente los del Athletic andamos bastante contentos. En Bilbao, y yo diría que en toda Bizkaia (denominación oficial desde el 7 de julio de 2011), da igual que te guste o no el fútbol: ser vizcaíno implica ser del Athletic.
Desde el jueves ando dándole vueltas para contar algo de nuestro equipo, pero se han escrito tantas cosas que he preferido rescatar un precioso artículo que Jon Uriarte escribió antes de la final de Copa de 2009. Estoy seguro de que este año sí, Jon tendrá que visitar ese cementerio.

Hace un cuarto de siglo prometí que jamás volvería a aquel cementerio. Pero en esa promesa había algo más. Una excepción. Una cuestión de familia. Y en ella tiene mucho que ver el Athletic. Porque es uno de los nuestros. Es 'de casa'. Y así lo recuerdo.
Un chaval de Sodupe llamado Dani firmó su primer contrato en el restaurante de la familia. En los 70, Uriarte, los Rojo, Churruca y compañía compartieron en él noches de mesa y mantel. Iribar, amigo de la 'casa', sufrió las broncas de la abuela María cada vez que encajaba un gol. En los 80 preparamos los bocadillos que llevó aquel equipo campeón en sus viajes hacia la gloria. Y así, hasta hoy. Distintos lugares y diferentes motivos, pero siempre con el Athletic. Para entender la esencia de esta relación, basta con recordar por qué mi hermano y yo somos socios. Tras negarnos durante años esa posibilidad, nuestra madre nos sorprendió con los deseados carnés un buen día de 1981. Interrogada sobre el cambio de opinión, confesó su preocupación de que el tiempo, el trabajo o, incluso, nuestras parejas pudieran distanciarnos. Y que de esa manera, al menos cada quince días, los hermanos nos veríamos en San Mamés y la familia permanecería unida.
Tenía razón. El trabajo y el destino apenas nos permiten coincidir media docena de fechas al año. De hecho, es mi hermana quien ocupa mi asiento y me hace 'perdidas' al móvil cuando metemos un gol. Sonidos que provocan que, en el viejo Foro, se sorprendan con los gritos, triunfales y fuera de sitio, de un bilbaíno forofogoitia. Pero hay más. El Athletic es la excusa para realizar, al menos, una llamada semanal. Hablar de la alineación o el partido es el preludio de un qué tal estáis, qué hay de tu problema o cuándo quedamos. Cosas de casa. Por eso nuestro equipo significa mucho más que lo que se le supone a un club, por muy centenario que sea. Para los que vivimos en el extrarradio del mapamundi de Bilbao, en mi caso a 380 kilómetros, el Athletic es una referencia. La demostración de que en casa todo sigue igual. Que aún queda algo intacto entre aquello que dejamos atrás. El antídoto contra el síndrome de Ulises. Una ciudad, un pueblo y una familia unidos tras un escudo. En mi vida, apenas he llorado un puñado de veces. Y de verdad, aún menos. Por eso me sorprendo cada vez que una lágrima delatora se me escapa delante del televisor, al ver y escuchar el rugido de la 'La Catedral'.
El Athletic es de todos y de nadie. Tan singular en filosofía como plural en seguidores. Tan respetado como incomprendido. Hay equipos que hacen historia, el Athletic hace leyenda. Somos la última prueba de que, alguna vez, el fútbol fue un deporte romántico. Y todo porque un día indeterminado decidimos seguir un peculiar camino. Donde otros veían el final nosotros veíamos principios. Elegimos ser David cuando todos querían ser Goliat. Un acuerdo de caballeros que se mantiene, pese a todo, entre millones de aficionados alejados en lo geográfico, lo político, lo cultural o lo social. Aquel día incierto, elegimos vencer menos pero ganar más. Y entendimos que el Athletic es una cuestión de familia. Por eso, hace 25 años, prometí que no volvería a cierto cementerio, salvo por un motivo. Fue un día de todos los Santos y aquel lugar me pareció la apología de la tristeza. Un mercado de lamentos que nada tenía que ver con el objetivo de mi visita. Así que me fui para siempre, dejando en el aire una promesa. Que sólo volvería por un motivo. Por aquello que nos unió y nos dio en el pasado alegrías e ilusiones. Por una Liga o una Copa del Athletic. Para celebrar con los míos que volvía el campeón. Ha pasado un cuarto de siglo. Muchos no lo han vivido y otros lo revivimos con nostalgia. Pero ha llegado el momento. Este año la Copa será nuestra.
Tras conseguirla, pasados unos días, regresaré a aquel cementerio, acompañado de parientes y amigos. Y nos situaremos, sonrientes, frente a la tumba de mi aita. El hombre que, en su último año de vida, sin saberlo nosotros, acordó con mi madre hacernos socios. Y cumpliré una vieja promesa. La de celebrar juntos el triunfo de una forma de ser y de sentir. La que nos ha hecho grandes y, sobre todo, únicos. Ese día, en ese lugar y en familia, los que estamos y los que se fueron cantaremos con orgullo el himno del Athletic.

domingo, 11 de marzo de 2012

Sinopsis de La ciudad de los ojos grises

Por aquí les dejo, la sinopsis que la editorial ha elaborado para La ciudad de los ojos grises:

Tras varios años viviendo en París, Alfredo Gastiasoro regresa a Bilbao cuando se entera de que Izarbe ha muerto. Su retorno pretende ser el último homenaje a la mujer que amó, pero pronto se convierte en una pesquisa sobre las inquietantes circunstancias que rodearon su muerte.
Alfredo tendrá que enfrentarse a su propio pasado, reviviendo una historia de amor que coincide con la época en que Bilbao deja de ser una población casi rural para convertirse en una de las ciudades más prósperas del Viejo Continente.
Magníficamente ambientada en los primeros años del siglo XX, y a medio camino entre novela negra, el género histórico, el relato sentimental y hasta el de viajes, La ciudad de los ojos grises es, sobre todo, una bella historia de suspense y nostalgia, de amor por una mujer y una ciudad.

sábado, 3 de marzo de 2012

Palmeras de coco

Hay dulces que saben a infancia. Desde los donuts a los bollycaos, pasando por tigretones, tortas de coscarón, rosquillas, brebas o bollos de mantequilla. Estoy seguro de que todos tenemos alguno que de alguna manera nos evoca nuestra niñez.
Los míos, sin duda, son las palmeras de coco, las cuales -por cierto- nada tienen que ver con las del Caribe. Mi añoranza por ellas se ha acentuado a lo largo de mi vida porque durante muchos años solo se podían  encontrar en el País Vasco. Así que cada vez que regreso a Bilbao, una de las primeras cosas que hago es comprarme una en la primera pastelería que encuentro. Ya pueda haber acabado de desayunar o de atracarme con un chuletón.
Ese hojaldre en su punto, cubierto de crema de mantequilla, coco y azúcar constituye no solo uno de esos pequeños placeres de la vida sino un hilo de unión con el niño que fui.
Después de muchos años recorriendo pastelerias, terminé por asumir que solo había palmeras de coco en Euskadi. Y, en cierto modo, esa resignación llegó a causar el bienestar de volver a encontrármelas en cada regreso. Comer una palmera de coco suponía que regresaba a mi patria chica. Y cuando terminaba de zampármela, mientras me sacudía el coco rallado que había caído sobre mi ropa, me quedaba un regusto a mantequilla y a infancia.
Pero hete aquí que la semana pasada, en una visita de mi hermano a Sevilla me suelta:
-¡Hay palmeras de coco en Triana!
-¿Estás seguro?
-¡Que sí, tío! Que me acabo de comer una.
Y no crean que esa tremenda revelación me causó una alegría especial. Más bien, todo lo contrario. Me contrarió que ahora les diera por viajar... ¡a estas alturas! Son las cosas que tiene la globalización: palmeras de coco en Triana... ¡manda narices!
Claro que me faltó tiempo para cruzar el Guadalquivir y, a pesar de estar a dieta, comerme una en la misma puerta de la pastelería.

domingo, 19 de febrero de 2012

Salobreña

Creo haber comentado que Eduardo Mendoza, al enterarse de la trama de la novela en la que yo estaba trabajando, me dijo que la mejor manera de escribir sobre tu tierra era desde la distancia.
Para mí, que acababa de leer su magistral La ciudad de los prodigios fue un acicate para seguir adelante con mi propia ciudad... la de los ojos grises.
Y sí, la he escrito desde la distancia. Por un lado, durante un sinfín de noches sevillanas después de llegar a casa tras jornadas de doce horas de trabajo. Y por otro, en los fines de semana, muchos de los cuáles los he disfrutado en Salobreña.
No pueden imaginarse la satisfacción que me produce sentarme al aire libre, con vistas al viejo pueblo, a su cielo azulado, al mar Meditárreneo y a las cumbres nevadas de Sierra Nevada, con la única preocupación de elegir las palabras precisas y las frases adecuadas para una historia. Y además sabiendo que incluso puede haber pulpo para comer. 
En Salobreña brotaba la inspiración de manera natural. Por eso, de allí han salido muchas páginas de esta novela y se han pulido el resto. A casi mil kilómetros de Bilbao. Al menos, he seguido el consejo de Mendoza y puedo decir que La ciudad de los ojos grises está escrita desde la distancia.... y también desde el corazón.

jueves, 2 de febrero de 2012

La ciudad de los ojos grises

Bueno. Pues ya está. La ciudad de los ojos grises. Este será el título de mi próxima novela que verá la luz de las librerías en abril.
Una historia de trenes perdidos en los tiempos de la Belle Époque.
Y para contar todo lo que se me ocurra sobre ella, he creado un nuevo blog:
http://laciudaddelosojosgrises.blogspot.com/
Ha comenzado la cuenta atrás.

lunes, 16 de enero de 2012

El puente de La Salve

No es que vaya a comenzar una serie con los puentes bilbaínos (aunque tampoco estaría mal), pero dado que simpatizo más con el puente de La Salve que con el Zubizuri, quizás porque acaba de sumarse al club de los cuarentones, dejo una foto de su estampa junto al museo Guggenheim.

domingo, 15 de enero de 2012

Zubizuri

El Zubizuri (del euskera: puente blanco) es uno de esos ejemplos claros de que no siempre diseño y funcionalidad van de la mano.
Su suelo de cristal ha provocado bastantes resbalones y caídas entre sus transeúntes, al igual que ha sucedido con su homólogo veneciano. Además, la decisión del ayuntamiento de levantar una plataforma para unirlo con la Puerta Isozaki (apellido japonés, que conste) provocó la denuncia de su arquitecto, Santiago Calatrava.
Al margen de pleitos y resbalones, el Zubizuri forma parte ya del paisaje bilbaíno. Aquí dejo estas fotos para presentárselo a los que no lo conozcan, ahora que está a punto de convertirse en un quinceañero.
Por cierto, pueden ver aquí una magnífica foto del Zubizuri, tomada al atardecer por Javier T. Palacio.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El beso de Rekalde

En estos días he estado recorriendo algunos de los lugares de mi pasado. Por eso, me acerqué, cámara en ristre, a la bilbaína calle León de Uruñuela en Rekalde, donde viví casi un par de años antes de comenzar la primaria en Portugalete.
A pesar de no haber vuelto hasta ahora, tenía recuerdos e imágenes impregnadas en mi memoria durante cuarenta años: la calle empinada, el color de los edificios, los paseos diarios de la mano de mi madre camino de la guardería de La Casilla, la visita de los domingos a la oficina de La Alhóndiga en las que trabajaba mi padre y donde aporreé por primera vez una máquina de escribir… pero lo que mejor recuerdo es la proyección de Bambi en el cine Rekalde.
Sí, Bambi fue la primera película que vi. En aquella versión, aún se veía cómo los cazadores mataban a su madre. Imagino que el trauma que dejó a miles de niños, hizo que se suprimieran aquellas imágenes explícitas. Lo cierto es que posiblemente aquel día conocí el significado de la palabra tristeza, y eso que también reí con el conejo Tambor.
En esos pensamientos andaba, frente al bar que hoy ocupa el local del viejo cine cuando al girarme, me topé con una troupe de equilibristas, payasos, músicos y malabaristas que hacían las delicias de pequeños y grandes en la calle. 
Así que cambié el chip y me dispuse a tratar de conseguir alguna instantánea decente entre aquel maremagno de chiquillería, artistas y curiosos.
Pronto me llamó la atención una chica vestida de verde y su perro amaestrado, el cuál daba unos saltos increíbles tratando de captar la pelota que ella utilizaba como reclamo.
Los músicos arrastraban su amplificador mientras los malabaristas usaban sus bolos, pelotas, aros y monociclos al son de lo que ellos tocaban. Estuve observando al chico del violín eléctrico que parecía estar algo descontento con la descoordinación de los artistas y me admiró que tratara inútilmente de poner orden entre un grupo de gente que disfrutando yendo a su bola… o a su monociclo. 
Pero a pesar de las molestias del violinista, el espectáculo era magnífico. Los malabaristas practicaban nuevos números al compás de la melodía que los músicos interpretaban impecablemente.  
Estuve allí hasta que, llegada la hora de comer, los artistas fueron abandonando el parque. Y, justo, cuando me disponía a marcharme, vi como la domadora de perros pasaba el brazo por encima del hombro del violinista y le besaba feliz.
Mi cámara y yo no pudimos sino sonreír.

jueves, 23 de junio de 2011

Bilbao

Cuando éramos niños, jamás se nos hubiera ocurrido que a ningún turista le pudiera interesar Bilbao. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a uno sobre el puente del Arenal, fotografiando el teatro Arriaga. Mis amigos y yo nos quedamos observándole, atónitos, hasta que se fue.
Aquella imagen fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando mi amigo, el escritor David Torres, me comentó en la Feria del Libro de Sevilla que le había encantado Bilbao y que para él era la ciudad más bonita de España. Nunca lo había oído antes de nadie y reconozco que me tocó la fibra sensible.
Durante casi un siglo, los maravillosos edificios decimonónicos han estado ocultos tras la contaminación provocada por la vorágine industrial. Con la reconversión, los jardines fueron ganando terreno a las fábricas y la brisa consiguió apartar el humo.
Desde entonces, la gestión urbanística sobre Bilbao ha sido impecable y no sólo en el entorno de la ría. Quien no haya visitado Bilbao en los últimos veinte años, no reconocería la ciudad.
Tras conseguir el año pasado el máximo galardón mundial a nivel de ciudades por su proceso de transformación, este año se Bilbao es finalista –junto con Ciudad del Cabo y Dublín- para ser la Capital Mundial del Diseño en 2014. La ganadora la dará a conocer el International Council of Societies of Industrial Design (ICSID) en el mes de octubre. Al margen de distinciones, ¿no es para estar orgullosos? P.D. La magnífica foto que encabeza esta entrada es de mi amigo Javier T. Palacio.