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lunes, 11 de enero de 2010

Parajes telúricos

Parajes agrestes, castigados por el mar y por los piratas. Hasta allí habían llegado soldados, corsarios y buscavidas atraídos por la singularidad de la isla, con la creencia de que albergaba ricos tesoros o suculentos manjares. (Muerte dulce)
Parajes agrestes...
Parajes agrestes... y bellos.
Me encuentro ahora mismo en uno de esos parajes agrestes sin ni siquiera salir de mi habitación.
Mi nueva novela va tomando forma y comienzo a ilusionarme con ella. Sin embargo, no quiero ni debo olvidarme de las dos anteriores.
Por eso, aunque don Fernando de Zúñiga se encuentre descansando, he querido recordarlas.
Quizás sea porque hoy he vuelto a ver las torres de las catedrales charras o porque he organizado mi próxima visita a Bizkaia. El hecho es que pase lo que pase, los lugares que amo quedarán para siempre inexorablemente unidos a mis novelas... y siempre me las recordarán.
Lugares como el de la fotografía, lugares telúricos que influyen en mi ánimo. Lugares como Bilbao, Salamanca, Portugalete, Villalpando... o como San Juan de Gaztelugatxe.

miércoles, 22 de abril de 2009

Bizkaia Maitea

Hoy acabo de dejar atrás los campos de Castilla y me he adentrado en los frondosos bosques de mi Bizkaia maitea. Hoy siento una extraña mezcolanza de nostalgia y bienestar. La que se siente cuando uno regresa a casa después de mucho tiempo. Por ello, me permito reproducir una de las confidencias que relato en el anexo de mi última novela:
¡Y qué decir de mi Bizkaia maitea! Tengo la sensación de que no es suficientemente conocida… ni reconocida. Es tan bonita que sorprende. Quizás me atrevería a definirla con muy pocas palabras: Vizcaya es monte y mar, y es gente noble. Pero sería incapaz de transmitirles la belleza de tantas imágenes como me asaltan. Quien ponga en duda mi objetividad no tiene más que pasearse por las siete calles de Bilbao o por el casco antiguo de Balmaseda. También puede visitar las Encartaciones o las ermitas románicas o cualquiera de sus parajes naturales –hermosas rías, arboledas, playas y montañas-. Pero confieso que mi debilidad es San Juan de Gaztelugatxe, un conjunto único y singular, casi mágico. Esta aventura de don Fernando de Zúñiga constituye, en cierta medida, mi humilde homenaje a todos estos lugares recorridos por él y por su fiel Pelayo.
Si alzo la mirada puedo ver la ría y el Puente Colgante. ¡Cuántos recuerdos! Para colmo, Alfredo Gastiasoro, un viejo amigo, acaba de mandarme las fotos de 4º,5º y 6º EGB. Hacía más de treinta años que no las veía. No es posible que haya pasado tanto tiempo. Ellos siguen siendo mis compañeros de colegio. Con algunos me reencontraré mañana a las 19:30 en en Centro Cultural Santa Clara de Portugalete, donde presentamos Muerte dulce. Tendremos más canas, más kilos y menos pelo, pero estoy seguro de que conservaremos la misma sonrisa.