Tenía ganas de visitar San Millán de la Cogolla. Un lugar de esos donde no resulta difícil imaginarse la vida en otros tiempos. No sé por qué me imaginaba el Monasterio de Suso más grande. Por fortuna, tuve unos minutos para recorrerlo solo y sentir su silencio.
En este recóndito lugar se escribieron hace mil años las primeras palabras en castellano y en euskera. Las lenguas que se hablan en mi tierra. Dos idiomas con un futuro y un pasado común... y con algunas señas de identidad muy similares: la doble erre, el sonido de la eñe, las cinco vocales...
Me sentí reconfortado en esta cuna. En la cuna de mi lengua.




