Lo cierto es que fue mi amigo José quien se tumbó en el banco para tomar una foto apaisada de las Torres Gemelas. Yo, que me acababa de comprar su misma cámara (una Pentax P-3o de enfoque manual), esperé a que se levantara para copiarle su original idea. Nueve años después, un loco acabó con ellas. Y nueve años después, los seals americanos han acabado con él, al estilo de unas de esas pelis de comandos que a partir de ahora nos costará menos trabajo creer.




