En los últimos tiempos se ha realizado un importante descubrimiento con respecto a mi persona. Un descubrimiento que está generando una controversia tanto en España como en los terrenos ocupados por los colonos ingleses al este de los Apalaches. Y todo tiene que ver con un cuadro pintado por don Diego de Velázquez.He podido leer en diversas gacetas que existen discrepancias sobre la identidad del hombre retratado por el insigne maestro. Incluso se ha conjeturado con las fechas de su creación y con que pudiera tratarse de un autorretrato.
He de decir que, si bien, es posible que don Diego y yo tengamos algún tipo de parecido en nuestros rasgos, este cuadro fue realizado en 1659 y el hombre retratado no es otro que este humilde servidor. Por aquel entonces, mi amada Pilar Maldonado y yo, después de visitar la Pieza Ochavada y el Salón de los Espejos del Alcázar Real, nos acercamos a la Galería del Cierzo donde el pintor de Su Majestad trabajaba ante dos caballetes. Uno de ellos sostenía un retrato casi terminado del infante Felipe Próspero junto a una falderilla; en el otro, se adivinaba un bosquejo de la infanta Margarita. Velázquez estaba de buen humor. El papa Alejandro VII acababa de concederle la dispensa de nobleza y el rey le había prometido el título de hidalguía por lo que, en breve, sería ordenado Caballero de la Orden de Santiago.
Como cualquiera que hubiese conocido a Pilar, se quedó prendado de sus ojos verdes. Y nos pintó a los dos. Éste es mi retrato. Así que vuestras mercedes tienen ante sí la imagen de don Fernando de Zúñiga. Por aquel entonces yo era feliz. Luego vendrían la muerte de Pilar, las golillas negras, las lentes, las canas… pero esa es otra historia que quien haya leído las novelas de Modroño ya conoce. Por cierto, espero que algún día narre mis peripecias en New Yok.
Como cualquiera que hubiese conocido a Pilar, se quedó prendado de sus ojos verdes. Y nos pintó a los dos. Éste es mi retrato. Así que vuestras mercedes tienen ante sí la imagen de don Fernando de Zúñiga. Por aquel entonces yo era feliz. Luego vendrían la muerte de Pilar, las golillas negras, las lentes, las canas… pero esa es otra historia que quien haya leído las novelas de Modroño ya conoce. Por cierto, espero que algún día narre mis peripecias en New Yok.




