viernes, 27 de mayo de 2011

Las hogueras fosfóricas

Corría el mes de noviembre de 2008 cuando yo me encontraba en medio de Muerte dulce, bastante atascado, tratando de solventar las dudas que me asaltaban sobre si sería capaz de terminar mi segunda novela con un mínimo de dignidad. Cualquiera que haya escrito algo, sabe a lo que me refiero. El problema de los escritores es que no tenemos a quién acudir en caso de un problema en el trabajo; ya que, por lo normal, debemos arreglar nuestras cuitas por nosotros mismos -únicamente, acompañados, si acaso, por nuestros fantasmas-. Y es que, más por suerte que por desgracia, nadie puede desentrañar los misterios que se esconden en cerebros ajenos.

El caso es que en plena crisis, a través de mi editorial, me llegó la reseña de La sangre de los crucificados escrita en un suplemento literario por un tipo de Murcia (de Molina de Segura, para más señas). Comenzaba diciendo: Toquen las campanas (y toquen bien fuerte), porque tenemos novelista... Enfrascado en la soledad del escritor, aquella reseña me insufló el ánimo suficiente para concluir Muerte dulce. Así que ya entenderán por qué me considero en deuda con el autor de aquella amable crítica, un tal Rubén Castillo.

Ahora, Ediciones Baladí le acaba de publicar su novela Las hogueras fosfóricas (sugerente título y contundente cubierta), en la que cuenta la historia de un hombre y una mujer que se encuentran en un chat erótico.

Así que ya saben cuál será mi lectura de este fin de semana.

Desde aquí, quiero enviarle mi más sincera enhorabuena a Rubén por su obra, a la espera de poder darle un fuerte abrazo el día que pueda conocerle en persona.

¡Suerte, amigo!




P.D. Mañana sábado, andaré de 19:30 a 20:30 por los alrededores de la caseta n º14 en la Feria del Libro de Sevilla.

miércoles, 25 de mayo de 2011

De ferias y libros

Sin duda, mayo es un mes literario. Hace unos días comenzó la Feria del Libro de Sevilla y pasado mañana lo hará la de la capital de España en el Parque del Retiro, el mejor lugar para perderse en Madrid. Bien entre vegetación, o bien entre libros. En cualquir caso, los laberintos de árboles y letras constituyen deliciosos oasis para los sentidos.

Durante sus últimos días, también coincidirá con la de Bilbao. Son tres ferias a las que suelo acudir. Me gusta ver las casetas en Plaza Nueva, en el Retiro y en el Arenal. Paseo, ojeo ejemplares antes de comprar algunos, charlo con los libreros, asisto a conferencias, me encuentro con amigos y hasta me acerco a algún autor para que me dedique su última novela para regalar.

Lo único que deseo es que haya más animación que la del primer fin de semana en Sevilla donde las ventas han vuelto a caer de manera preocupante. Los libreros se lo merecen... y los escritores también.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Una foto

Ayer les mostré un autoretrato en un pozo. Y hoy les enseño el pozo. Muchas veces, para hacer una foto, simplemente es necesario mirar y analizar las posibilidades que tiene un solo lugar.

martes, 17 de mayo de 2011

Pozo

Cada vez que veo esta foto, tengo la sensación de que alguien me fotografió desde el fondo del pozo.

lunes, 9 de mayo de 2011

La Coca Cola de Bilbao

Estoy seguro de que John Stith Pemberton pasó por Bilbao antes de inventar la Coca Cola, hace ahora 125 años.
Por aquella época, un farmacéutico llamado Ramiro de Pinedo creaba elixires en el botxo. Sin embargo, Ramiro es más conocido por haberse cruzado correspondencia durante varios años con su amigo Miguel de Unamuno que por su entonces famoso Vino Pinedo de Kola, compuesto a base de cacao, glicerina, ácido fosfórico, nuez de cola, alcohol, vino Pedro Ximénez, amén de algún ingrediente misterioso.
Curiosamente, ese elixir negruzco y dulzón se anunciaba en los periódicos locales como la bebida que animaba la vida (tuvo chispa el tío).
Tras un sinfín de cuitas familiares que no soportó, Ramiro se retiró al monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos donde se hizo monje, llevándose su fórmula secreta sin revelársela… ¿a nadie?

lunes, 2 de mayo de 2011

In memoriam

Lo cierto es que fue mi amigo José quien se tumbó en el banco para tomar una foto apaisada de las Torres Gemelas. Yo, que me acababa de comprar su misma cámara (una Pentax P-3o de enfoque manual), esperé a que se levantara para copiarle su original idea.

Nueve años después, un loco acabó con ellas. Y nueve años después, los seals americanos han acabado con él, al estilo de unas de esas pelis de comandos que a partir de ahora nos costará menos trabajo creer.

domingo, 1 de mayo de 2011

BBC

En este mes que comienza, no puedo evitar manifestar algo que me solivianta.
Es normal, entre los fotógrafos, haber trabajado en algún momento en la BBC. No la que acaba de retransmitir la boda real británica, sino la de Bodas, Bautizos y Comuniones. Confieso que yo mismo he cobrado por ello y me vino muy bien en un momento en que las cosas no andaban muy boyantes.
Sin embargo, odio este tipo de saraos. Me revientan estas pantomimas. Pienso que estas celebraciones son un derroche ridículo de apariencias. Por no hablar de que una invitación a uno de estos “divertidísimos” eventos no deja de ser un impuesto revolucionario. No sólo por el dinero que te puede costar, sino porque te roban lo más preciado de un fin de semana: tu tiempo libre.
Si yo no pongo en compromiso a los demás, ¿por qué no pueden corresponderme igual?

Y no sé por qué uno tiene que parecer un bicho raro por pensar así. Me encantaría que la gente entendiera que no todos somos iguales.