martes, 22 de septiembre de 2009

Carta de don Fernando de Zúñiga

En los últimos tiempos se ha realizado un importante descubrimiento con respecto a mi persona. Un descubrimiento que está generando una controversia tanto en España como en los terrenos ocupados por los colonos ingleses al este de los Apalaches. Y todo tiene que ver con un cuadro pintado por don Diego de Velázquez.
He podido leer en diversas gacetas que existen discrepancias sobre la identidad del hombre retratado por el insigne maestro. Incluso se ha conjeturado con las fechas de su creación y con que pudiera tratarse de un autorretrato.
He de decir que, si bien, es posible que don Diego y yo tengamos algún tipo de parecido en nuestros rasgos, este cuadro fue realizado en 1659 y el hombre retratado no es otro que este humilde servidor. Por aquel entonces, mi amada Pilar Maldonado y yo, después de visitar la Pieza Ochavada y el Salón de los Espejos del Alcázar Real, nos acercamos a la Galería del Cierzo donde el pintor de Su Majestad trabajaba ante dos caballetes. Uno de ellos sostenía un retrato casi terminado del infante Felipe Próspero junto a una falderilla; en el otro, se adivinaba un bosquejo de la infanta Margarita. Velázquez estaba de buen humor. El papa Alejandro VII acababa de concederle la dispensa de nobleza y el rey le había prometido el título de hidalguía por lo que, en breve, sería ordenado Caballero de la Orden de Santiago.
Como cualquiera que hubiese conocido a Pilar, se quedó prendado de sus ojos verdes. Y nos pintó a los dos. Éste es mi retrato. Así que vuestras mercedes tienen ante sí la imagen de don Fernando de Zúñiga. Por aquel entonces yo era feliz. Luego vendrían la muerte de Pilar, las golillas negras, las lentes, las canas… pero esa es otra historia que quien haya leído las novelas de Modroño ya conoce. Por cierto, espero que algún día narre mis peripecias en New Yok.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ruego a vuesa merced D. Fernando de Zuñiga, tenga a bien alentar a futuros y fructiferos escritores a seguir escribiendo, asi lo haga con Modroño y Carton a quien las musas han dotado de una gracia especial para ello.
Quedando agradecida reciba mi más sincero afecto.

Varo dijo...

Yo también aliento a los dos, pero en especial a D. Fernando de Zúñiga, a ver si nos cuenta muy pronto sus aventuras en las colonias inglesas.
Saludos.

Félix dijo...

¡Cómo pasa el tiempo! No hubiera yo imaginado a este Zúñiga joven, sin canas, sin lentes y sin experiencias. Me alegra saber de él en su juventud y, así, poder comparar con el que he conocido. Con ese hombre serio, noble, docto y cargado de honesta dulzura por el que el tiempo no pasó en balde sino que fue dejando posos de sabiduría, lógica, perspicacia y serenidad. Cualidades que le permiten resolver en su madurez lo que seguro no hubiera podido en las fechas en que fue retratado por el Maestro.
Cordialmente,
Félix

Anónimo dijo...

Ya tiene rostro nuestro detective. ¡Cómo me gustaría ponérselo a Pilar! ¿Será posible?

Félix G. Modroño dijo...

Estimad@ anónim@ 1,estoy seguro de que ambos lo harán porque les apasiona. No os podéis imaginar las ideas que surgen entre ambos en las tardes villalpandinas con una cerveza en la mano.

Querido Varo, otras aventuras -que no las mías aún- por colonias inglesas habrían de venir con anterioridad... que no en el tiempo.

Félix, agradezco vuestras palabras precisas y preciosas hacia este humilde vizconde.

Apreciado anónim@ 2, ojalá apareciese el retrato que realizó Velázquez de Pilar. De no ser así, nada hay más bello que la imaginación.

Un abrazo para tod@s