miércoles, 15 de julio de 2009

Dormir

Anoche, creo que por primera vez desde que tengo uso de razón, quise dormir y no pude. Por fortuna para mí, tengo el sueño fácil. Quizás se deba a mi permanente actividad o a que aprendí a dormir cuando era pequeño. Suelo defender mi fama de ceporro bromeando con que tengo la conciencia tranquila. Dicen las malas lenguas que fui un bebé llorón… y puñetero (eso lo sigo siendo). Durante mis primeros meses lloraba toda la noche. Según cuenta mi padre: hasta las seis de la madrugada, hora a la que él se levantaba sin haber pegado ojo por mis berridos (han pasado 44 años y parece que sigue dolido al recordarlo). En ese momento me quedaba profundamente dormido y por más que mi progenitor me azuzaba –rayando la violencia doméstica y profiriendo epítetos malsonantes-, mi cara angelical de tremendo placer por el sueño en el que acababa de caer ni se inmutaba.
Y es que, realmente, para mí dormir supone un auténtico placer. Y hasta un mecanismo de defensa. De hecho, puedo afirmar que he resuelto un montón de problemas durmiendo. Confieso que muchas veces he huido de la realidad cobijándome en los brazos de Morfeo. Ante un examen inminente poco preparado, ante una discusión familiar, ante una desgracia… pocas cosas me han resultado tan reparadoras como meterme en la cama y dormir.
Por eso, lo de anoche me descolocó. Lo peor es que creo saber cuál fue el motivo de mi insomnio: estoy enganchado a un raro tipo de droga.
Me encuentro en ese momento en que un escritor se ha vaciado promocionando su última novela y debe volver a la soledad y dejar que sus dedos acaricien las teclas del ordenador para que de una pantalla en blanco vaya surjiendo una nueva historia. Y aquí está la madre del cordero. No porque no tenga ninguna idea, sino porque tengo dos. Por un lado, debería escribir otra aventura de don Fernando de Zúñiga (ya tengo la trama y los lugares); pero por otro, me apetece aparcar al doctor Zúñiga (sólo de momento) y contar otra historia ambientada en una época distinta (tengo la historia y la época).
Anoche, tumbado en la cama, combinaba ambas tramas y los nuevos personajes se mezclaban con los de las anteriores novelas. Al final opté por levantarme y encender el ordenador. Sin embargo, sólo conseguí empeorar las cosas. Más documentación, más detalles, más anécdotas, más personajes para las dos historias… Anoche me di cuenta de que mi afición por escribir se acababa de convertir en una necesidad. Una droga.
Cuando miré el reloj casi eran las seis –y me acordé de mi padre-, así que me arrastré hasta la cama. Hora y cuarto más tarde me encontraba maldiciendo la alarma de mi teléfono sólo por avisarme de que a las ocho debía estar en el banco. Desde luego, eran muchos más dulces los pacientes (e insistentes) susurros de mi madre que, día tras día, combatían mi remolonamiento para que pudiera llegar a tiempo al colegio.
Confío en que mis cortas vacaciones de agosto me sirvan para descansar, dormir y madurar mi próxima novela. Ahora, con su permiso, me voy a dormir.

5 comentarios:

Andrés Pérez Domínguez dijo...

Ya te lo advertí, Félix. No hay escritor que se precie que no sea insonme...:)Vete acostumbrando.
Un abrazo,

alex dijo...

Estoy con Andrés, parece que los que vivimos por y para escribir tenemos el sueño inestable. Y por mucho que nos empeñemos, el insomnio se hace fuerte en nuestras noches. Es lo que tiene: hay veces que las historias aparecen en los momentos más insospechados.

Anónimo dijo...

Hola Felix, el doctor Zúñiga se ha hecho tan cotidiano en tu dia a dia, que mi consejo, es que durante las vacaciones te lo dejes en casa de rodriguez, y como el verano incita a la novedad, pues adelante con tu nueva y seguro que magnifica novela.Sobre dormir mal, sé m´s de lo que quisiera últimamente y como lo de contar ovejitas o el vaso de leche templada no dan ningun resultado(al menos a mi)aprovecha y no dejes de soñar...sueña despierto, a veces , solo a veces, es bueno.
Felices vacaciones y felices sueños.
MADOLOK

Félix G. Modroño dijo...

Andrés y Alex, no me fastidieis. Mirad que lo dejo. Que a mí lo de dormir me tira mucho. :)
Madolok, casi seguro que voy a hacerte caso y maduraré esa historia nueva este agosto en Villalpando. Seguro que Varo me ayuda.
Saludos.

Varo dijo...

¡Qué tendrá la noche...!
¿Es desgraciado, acaso, el animal nocturno?
¿O es quizá una condena?
La noche...
Los fantasmas aparecen siempre de noche.
Y tú lo sabes, Félix.
Saludos.

Varo.

P.D: Ya estoy deseando saber de qué va tu nueva historia. Cuenta conmigo para lo que quieras. Será un placer.