
Tengo una buena colección de retratos, especialmente de villalpandinos. Por desgracia, poco a poco se van yendo. Sobre todo, los mayores. El último ha sido Chencho, el herrero, padre de mi amigo y quinto Manuel.
Después de la magnífica y emotiva reseña que ha realizado mi tío Agapito Modroño en su bitácora:
no seré yo quien ose escribir una nueva.
Con Chencho se ha ido uno de los pocos tertulianos que van quedando en Villalpando. Antaño resultaba frecuente ver grupos de veteranos charlando animadamente sentados en el poyo ante cualquier casa o en los bancos del parque. Mis abuelos, Eugenio y Mateo, eran algunos de ellos. Por eso, la marcha de Chencho me ha hecho recordar otras.
Desde aquí, quiero enviar mi más sentido abrazo a mi amigo. Querido Manuel, tu padre, tan buena gente como tú, ya está descansando en paz.
