
Tengo una crisis
bloguera, no es una crisis cualquiera. ¡Tolón, tolón! Pues sí, en estos estos días he estado sopesando la idea de cerrar este
blog. Ya estoy embarcado en mi nueva novela y dado que he de robarle tiempo al tiempo para poder sentarme ante el ordenador, tengo la sensación de que horas que no le dedique a la novela es como si le estuviera poniéndole los cuernos, y eso me provoca remordimientos. Saramago (que seguro que tiene más tiempo que yo) ha cerrado su
blog para dedicarse en cuerpo y alma a su próximo libro. Y si lo ha hecho Saramago…
Por otro lado, hay semanas que se me agotan los temas. Son los inconvenientes de tratar de escribir sin tener demasiado en cuenta la actualidad y sin meterse con nadie (¡y voto a Bríos que a veces me tengo que morder la lengua!).
Así que
El cazador de momentos va a cumplir un año de chiripa.
Sin embargo, dados los tiempos que corren y que el futuro (que ya ha llegado) está en los sistemas multimedia, descolgarme de lo digital como que me asusta. Y es que mis novelas ya se pueden adquirir en formato electrónico (no sé si ya incluso se podrán piratear). Parece que dejar de existir en el ciberespacio es como dejar de existir, punto.
Y lo que es más importante, esta bitácora me permite mantener contacto con mis amigos y con mis lectores (en muchos casos, ambas categorías ya se han mezclado).
Además, este lugar no deja de ser un refugio. Un refugio de la sociedad que nos rodea, de la que cada vez estoy más asqueado. No suelo ver la tele, mejor dicho: no veo la tele; cuando la pongo es en busca de programas concretos que me interesan: alguno de viajes, algún partido, las noticias y poco más… y mientras me siento a comer, un rato de
Sé lo que hicisteis, donde en unos minutos se pueden ver todas las barbaridades emitidas en las distintas cadenas (aparte de que salen unas presentadoras muy simpáticas).
Hay que reconocerlo, vivimos en una sociedad donde
Gran Hermano 327 ó 328 (he perdido la cuenta) bate en audiencia a
Doctor Mateo, donde los protagonistas de los medios son Zapatero y Belén Esteban... Sin comentarios. Bueno sí, uno pequeño: esa señora gana más en un mes que la gran mayoría de los escritores de este país con alguna de sus novelas. Y sé lo que digo, porque en mi oficina tengo como cliente a uno de esos nuevos famosos que cada vez que él o su madre van a un programa basura y nos visitan para ingresar un cheque se le quitan a uno las ganas de trabajar para tratar de enrollarse con la ex del ex de la
miss Me río de los pazguatos que me seguís el rollo.
Al hilo de esto, tengo una anécdota. A raíz de la publicación de
Muerte dulce, una asociación benéfica (ya he hablado de ella) me invitó a un campeonato de mus en el que participaban unos cuantos famosos y algún que otro desubicado (como yo). Conocí a mi pareja de juego en el
photocall (creo que se llama así). Sin saber cómo, me vi ante un montón de fotógrafos, posando como buenamente podía junto a tres tipos que no sabía quiénes eran, pero que parecían muy populares. Algo habrán escrito o algún edificio habrán construido, me dije yo. La prudencia me hizo aguardar a que alguien me informara sobre mis compañeros de posado. Fue mi pareja de mus (por cierto, un tipo muy correcto) quien se presentó:
Hola, soy Ángel, el padre de Pepe. Mentalmente, comencé a repasar a toda velocidad a los Pepes famosos que conocía pero no se me ocurrieron más que Pepito Grillo y Pepe Carvalho. Jobar, Félix, ¡vaya deformación!, que esos son personajes literarios. El buen hombre debió darse cuenta de mi cara de búho y tuvo la amabilidad de aclarármelo:
¡Pepe, hombre!, ¡el ganador de Gran Hermano 7!
Así que por ahí deben de rondar unas cuantas fotos en las que aparecen un concursante de GH, dos más que fueron a pasar hambre a no sé qué isla y otro con cara de despistado del que los fotógrafos aún se estarán preguntando quién era el tipo ese y qué carajo pintaba allí (eso también se lo preguntaba el tipo despistado). Eso sí, honestamente he de reconocer que los tres eran muy majos.
Y mientras me he ido por los cerros de Úbeda, en esta fecha tan
“nuevedosa” he llegado a una conclusión salomónica: seguiré por aquí, aunque habrá más fotos que textos y quizás espacie las entradas. Ustedes descansarán y yo tendré más tiempo. A ver si se aclara mi niebla mental.